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El precedente de la Isla de Man en relación a Baleares
José Antonio Roselló Rausell
 
LA ECONOMÍA BALEAR
Hace algunas semanas, la cadena autonÓmica de televisión IB3 dedicÓ un programa a la insularidad. Concretamente, fue dentro del espacio Rerefons. La direcciÓn del programa tuvo la amabilidad de invitarme a participar como comentarista de diversos temas relativos a la insularidad, especialmente desde la perspectiva balear.
 
Paralelamente, el programa también incluyó un reportaje sobre la británica Isla De Man, que fue acompañado de unas declaraciones de dos altos cargos de su Gobierno: el Ministro del Tesoro y el Jefe Ejecutivo del Departamento de Industria y Comercio. Tanta importancia se dio por parte del programa a la situación de esta isla, que las periodistas del mismo se desplazaron expresamente a allí.
Este contraste Islas Baleares- Isla de Man, sobre el que pivotó una parte apreciable del programa, no dejó de llamarme la atención: la isla de Man está situada fuera de la Unión Europea. Estoy seguro que no fue intención expresa de los directores del programa, pero cualquier espectador avezado podía hacer de inmediato una asociación de ideas entre “superación de los condicionantes de la insularidad” y “no- pertenencia al territorio comunitario”. Hoy por hoy, este asunto no está sobre la mesa, pero no conviene, aunque sea desde una posición de mera hipótesis, ignorarlo totalmente.
¿Qué podemos decir de la Isla de Man? ¿Por qué está recibiendo una particular atención en los últimos tiempos? ¿Qué similitudes y qué diferencias, o en otro sentido, qué enseñanzas puede aportar, si es que aporta, al caso de las Islas Baleares?
La isla de Man es una isla situada en el Mar de Irlanda, vinculada al Reino Unido. Su estatus es bastante peculiar. Se trata de una isla pequeña (572 Km2) y su población es de 80.058 habitantes. La peculiaridad de su estatus viene del hecho de que si bien la Corona Británica asume su defensa y las relaciones exteriores, en realidad está fuera del marco institucional común británico. Tiene sus propias leyes; sus propias Instituciones; su propia organización política. El Parlamento de Westminster, a pesar de poderlo hacer teóricamente, en la práctica no legisla sobre la Isla de Man sin que medie acuerdo previo con el Gobierno insular. La Corona asume la “última responsabilidad del buen gobierno”.
Como se ha señalado, las Isla de Man se encuentra fuera del territorio de la Unión Europea, salvo en lo que se refiere a los temas de la Unión Aduanera y el comercio de mercancías agrícolas. Es decir, que los responsables de Bruselas no tienen mucha jurisdicción allí. Tal es, por ejemplo, el caso de los servicios financieros, la fiscalidad o las cuestiones de la unión económica y monetaria, que son de plena competencia la Isla. En el citado programa, el Ministro del Tesoro lo expresó de manera palmaria, para el ejemplo concreto de los impuestos: “Podemos desarrollar nuestra propia política fiscal sin ingerencias externas”. Lo vinculó a la condición de no ser miembro de la Unión Europea. A este respecto, señaló que esta independencia era un atractivo para atraer nuevos negocios.
Es verdad que, al margen de los asuntos anteriores, hay que señalar que en la práctica la Isla de Man ha tendido a converger con otros aspectos de la legislación del Reino Unido y de la Unión Europea, pero lo ha hecho por razones utilitarias: promocionar sus relaciones económicas con esos potentes espacios.
En el aspecto macroeconómico, uno de los principales hitos que se ha dado es que en el año fiscal 2002/2003 la Isla alcanzó y superó la renta per cápita del Reino Unido. En efecto: en el año fiscal 1985/1986 su renta per cápita era el 57% de la del Reino Unido. En 2002/2003 fue el 79%. Y en 2002/2003 ya alcanzó el 106%.
Por otra parte, los informes recientes sobre la evolución económica son muy positivos. Para el año fiscal 2004/2005, el crecimiento en términos reales se ha estimado en el 5,2%, por encima del Reino Unido (3,2%) y la Unión Europea (2,2%). La tasa de paro es del 1,5%.
Algunos observadores atribuyen parte de esta evolución a su peculiar régimen económico (que dicho de manera malévola sería “sacudirse de las ataduras de la Unión Europea”) y su consiguiente atracción de inversiones.
Su estructura económica, sin embargo, no se puede comparar con la de las Islas Baleares. Aparte de las diferencias de extensión territorial y de población, Man y Baleares divergen en otros aspectos clave. En efecto, aunque ambos territorios convergen en la abrumadora presencia del sector servicios (algo más pronunciada en Man), la composición de este es muy diferente: La isla recibe alrededor de 700.000 turistas anuales; además, la industria turística representa sólo el 6% del total de la economía. Es verdad que en el pasado su economía insular estuvo basada en el turismo y la agricultura. Después de 40 años, hoy en día esto es cosa del pasado.
Precisamente, entre los sectores sobre los que en la actualidad descansa su economía, hay que citar en primer término el sector financiero (banca; gestión de activos; “corporate”; seguros; …), que se sitúa alrededor del 36% del ingreso total. Asimismo, es muy interesante la participación de un sector que allí definen como de “servicios profesionales y científicos”, que representa un 16%. Por último, existe un componente de “Otros servicios”, que es un cajón de sastre, que significa un 20%. En el programa Rerefons llamó la atención el tema de las actividades cinematográficas y de hecho fue entrevistada la responsable de la “film comisión”. En conjunto, el sector servicios representa el 85% de la economía1.
Es interesante añadir que las autoridades citadas en el programa incidieron en la política gubernamental de buscar fuentes alternativas de ingresos y nuevas salidas empresariales, en orden a una especialización que dé mayor calado a la economía insular.
Como puede advertirse, las diferencias con la estructura económica de Baleares son notables, y muy especialmente en lo referente a los distintos alcances del turismo y los servicios financieros. Baleares no sólo no renuncia al turismo, sino que quiere evolucionar con él y, por otro lado, nunca ha sido aquí una opción seria la de crear un centro financiero. Desde esta óptica, la experiencia de Man como precedente o modelo sería muy discutible, aunque tampoco sería correcto despreciarla.
De hecho, de su experiencia es muy interesante tomar nota de la vocación de generar nuevas actividades económicas dentro del propio sector servicios (que en Baleares nunca podrían entenderse como sustitutivas del turismo, pero sí complementarias y/o coexistentes con el mismo).
En un tiempo en que la idea de medidas favorecedoras de la insularidad no pinta del todo bien en la Unión Europea, al menos para territorios de nuestras características -pues hay incógnitas relevantes, directas o indirectas, sobre esta cuestión-  , no está de más interesarse por estos modelos, no con una visión mimética de imposible, e incluso inoportuna, realización, pero sí con una visión de aquellos aspectos que de manera puntual y singular puedan demostrar que funcionan en el territorio insular. Es decir, lo interesante es acercarse a estas experiencias con la cabeza fría y procurando distinguir con claridad los aspectos sustanciales. Este interés es tanto más útil cuanto que no hay que descartar que en los próximos años debates en este sentido puedan suscitarse.  

1 Cabe señalar que las actividades manufactureras representan alrededor del 7% del total y el buen momento de la economía también les afecta positivamente. Por otra parte, una cuestión curiosa a señalar es que el sector de la construcción ha aumentado su participación, desde el 6% de mitad de los noventa al 9% actual.