Paralelamente, el programa también
incluyó un reportaje sobre la británica Isla De Man, que
fue acompañado de unas declaraciones de dos altos cargos de su
Gobierno: el Ministro del Tesoro y el Jefe Ejecutivo del Departamento
de Industria y Comercio. Tanta importancia se dio por parte del
programa a la situación de esta isla, que las periodistas del
mismo se desplazaron expresamente a allí.
Este contraste Islas Baleares- Isla de Man, sobre
el que pivotó una parte apreciable del programa, no dejó
de llamarme la atención: la isla de Man está situada
fuera de la Unión Europea. Estoy seguro que no fue
intención expresa de los directores del programa, pero cualquier
espectador avezado podía hacer de inmediato una
asociación de ideas entre “superación de los
condicionantes de la insularidad” y “no- pertenencia al
territorio comunitario”. Hoy por hoy, este asunto no está
sobre la mesa, pero no conviene, aunque sea desde una posición
de mera hipótesis, ignorarlo totalmente.
¿Qué podemos decir de la Isla de Man?
¿Por qué está recibiendo una particular
atención en los últimos tiempos? ¿Qué
similitudes y qué diferencias, o en otro sentido, qué
enseñanzas puede aportar, si es que aporta, al caso de las Islas
Baleares?
La isla de Man es una isla situada en el Mar de
Irlanda, vinculada al Reino Unido. Su estatus es bastante peculiar. Se
trata de una isla pequeña (572 Km2) y su población es de
80.058 habitantes. La peculiaridad de su estatus viene del hecho de que
si bien la Corona Británica asume su defensa y las relaciones
exteriores, en realidad está fuera del marco institucional
común británico. Tiene sus propias leyes; sus propias
Instituciones; su propia organización política. El
Parlamento de Westminster, a pesar de poderlo hacer
teóricamente, en la práctica no legisla sobre la Isla de
Man sin que medie acuerdo previo con el Gobierno insular. La Corona
asume la “última responsabilidad del buen gobierno”.
Como se ha señalado, las Isla de Man se
encuentra fuera del territorio de la Unión Europea, salvo en lo
que se refiere a los temas de la Unión Aduanera y el comercio de
mercancías agrícolas. Es decir, que los responsables de
Bruselas no tienen mucha jurisdicción allí. Tal es, por
ejemplo, el caso de los servicios financieros, la fiscalidad o las
cuestiones de la unión económica y monetaria, que son de
plena competencia la Isla. En el citado programa, el Ministro del
Tesoro lo expresó de manera palmaria, para el ejemplo concreto
de los impuestos: “Podemos desarrollar nuestra propia
política fiscal sin ingerencias externas”. Lo
vinculó a la condición de no ser miembro de la
Unión Europea. A este respecto, señaló que esta
independencia era un atractivo para atraer nuevos negocios.
Es verdad que, al margen de los asuntos anteriores,
hay que señalar que en la práctica la Isla de Man ha
tendido a converger con otros aspectos de la legislación del
Reino Unido y de la Unión Europea, pero lo ha hecho por razones
utilitarias: promocionar sus relaciones económicas con esos
potentes espacios.
En el aspecto macroeconómico, uno de los
principales hitos que se ha dado es que en el año fiscal
2002/2003 la Isla alcanzó y superó la renta per
cápita del Reino Unido. En efecto: en el año fiscal
1985/1986 su renta per cápita era el 57% de la del Reino Unido.
En 2002/2003 fue el 79%. Y en 2002/2003 ya alcanzó el 106%.
Por otra parte, los informes recientes sobre la
evolución económica son muy positivos. Para el año
fiscal 2004/2005, el crecimiento en términos reales se ha
estimado en el 5,2%, por encima del Reino Unido (3,2%) y la
Unión Europea (2,2%). La tasa de paro es del 1,5%.
Algunos observadores atribuyen parte de esta
evolución a su peculiar régimen económico (que
dicho de manera malévola sería “sacudirse de las
ataduras de la Unión Europea”) y su consiguiente
atracción de inversiones.
Su estructura económica, sin embargo, no se
puede comparar con la de las Islas Baleares. Aparte de las diferencias
de extensión territorial y de población, Man y Baleares
divergen en otros aspectos clave. En efecto, aunque ambos territorios
convergen en la abrumadora presencia del sector servicios (algo
más pronunciada en Man), la composición de este es muy
diferente: La isla recibe alrededor de 700.000 turistas anuales;
además, la industria turística representa sólo el
6% del total de la economía. Es verdad que en el pasado su
economía insular estuvo basada en el turismo y la agricultura.
Después de 40 años, hoy en día esto es cosa del
pasado.
Precisamente, entre los sectores sobre los que en
la actualidad descansa su economía, hay que citar en primer
término el sector financiero (banca; gestión de activos;
“corporate”; seguros; …), que se sitúa
alrededor del 36% del ingreso total. Asimismo, es muy interesante la
participación de un sector que allí definen como de
“servicios profesionales y científicos”, que
representa un 16%. Por último, existe un componente de
“Otros servicios”, que es un cajón de sastre, que
significa un 20%. En el programa Rerefons llamó la atención el tema de las
actividades cinematográficas y de hecho fue entrevistada la
responsable de la “film
comisión”. En conjunto, el
sector servicios representa el 85% de la economía1.
Es interesante añadir que las autoridades
citadas en el programa incidieron en la política gubernamental
de buscar fuentes alternativas de ingresos y nuevas salidas
empresariales, en orden a una especialización que dé
mayor calado a la economía insular.
Como puede advertirse, las diferencias con la
estructura económica de Baleares son notables, y muy
especialmente en lo referente a los distintos alcances del turismo y
los servicios financieros. Baleares no sólo no renuncia al
turismo, sino que quiere evolucionar con él y, por otro lado,
nunca ha sido aquí una opción seria la de crear un centro
financiero. Desde esta óptica, la experiencia de Man como
precedente o modelo sería muy discutible, aunque tampoco
sería correcto despreciarla.
De hecho, de su experiencia es muy interesante
tomar nota de la vocación de generar nuevas actividades
económicas dentro del propio sector servicios (que en Baleares
nunca podrían entenderse como sustitutivas del turismo, pero
sí complementarias y/o coexistentes con el mismo).
En un tiempo en que la idea de medidas
favorecedoras de la insularidad no pinta del todo bien en la
Unión Europea, al menos para territorios de nuestras
características -pues hay incógnitas relevantes, directas
o indirectas, sobre esta cuestión- , no está de
más interesarse por estos modelos, no con una visión
mimética de imposible, e incluso inoportuna, realización,
pero sí con una visión de aquellos aspectos que de manera
puntual y singular puedan demostrar que funcionan en el territorio
insular. Es decir, lo interesante es acercarse a estas experiencias con
la cabeza fría y procurando distinguir con claridad los aspectos
sustanciales. Este interés es tanto más útil
cuanto que no hay que descartar que en los próximos años
debates en este sentido puedan suscitarse.
1 Cabe señalar que las actividades
manufactureras representan alrededor del 7% del total y el buen momento
de la economía también les afecta positivamente. Por otra
parte, una cuestión curiosa a señalar es que el sector de
la construcción ha aumentado su participación, desde el
6% de mitad de los noventa al 9% actual.