José Benedicto
El secretario general del sindicado CCOO-Baleares,
José Benedicto, defendió la necesidad de un cambio de
gobierno en la comunidad autónoma, liderado por los
progresistas, que acabe con cuatro años de
“escándalos mediáticos y políticos”,
que se han saldado con la imputación del ex alcalde de Andratx,
Eugenio Hidalgo, y el ex director general de Ordenación del
Territorio del Govern, Jaume Massot, por su presunta implicación
con la operación ‘Voramar’. Benedicto, no obstante,
tuvo un lapsus y no dijo nada al respecto del caso de Eivissa. Tampoco
comentó nada de los cursos de formación que no ha
impartido pero de los que sí ha cobrado subvenciones.
Todavía no comprendo muy bien cómo
pude aprobar algunas asignaturas, en los años 50-60, en cuyo
programa se trataba de partidos políticos. Lo cierto es que
tenía una vaga noción de lo que representaban,
más por lo que leía en los libros de texto que por lo que
veía en el exterior, en las democracias parlamentarias. Nuestra
democracia orgánica no era ejemplificadora para entender lo que
era un partido. Esas instituciones político-sociales, los
partidos políticos, tienen como objetivo último recoger,
poseer y administrar el poder del Estado en sus distintas
instituciones. Organizados en torno a un líder, de él
depende mucho que puedan hacerse con el poder en las próximas
elecciones y tras ellas, perpetuarse en él. Los partidos halagan
al líder sobre todo si sale victorioso, pero también lo
rechazan cuando no representan la esencia del partido. La
opinión pública tiene en todo este proceso un peso
notabilísimo. No se la puede soslayar. Una opinión
contraria a un líder político puede hacerle perder poder
e, incluso, provocar su dimisión.
En España, me repetiré cuantas veces
crea necesario, Mariano Rajoy encarna, a mi modo de ver, la figura del
líder. Centrado, muy inteligente, formado, con alto sentido del
humor, centralista sin renunciar a su galleguismo que aflora por todos
los poros de su piel. Frente a él, el presidente
Rodríguez no tiene color, por mucho que talantee, por cierto,
cada vez menos. Si se recogiera el último dato de sus pasadas
visitas a Palma, 12.000 asistentes al mitin de Rajoy frente a 5.000 de
Rodríguez, quedaría demostrada una clara preferencia.
Empero, esta estadística es falsamente representativa a nivel
nacional, pero sí es representativa a nivel
autonómico.
Aunque no me parece muy académico aconsejar
a uno u otro partido, por necesidad de bienestar balear debo atreverme.
Algunos, desde luego, dada su trayectoria histórica y el escaso
peso que poseen, son un claro ideal de bisagra. Juegan con el voto
cautivo y se apoyan en él. Otros se apoyan en ideologías
que hace tiempo han sido enterradas junto a sus hachas de guerra. Lo de
bisagra sería historia en un país democráticamente
maduro y dado su comportamiento no adecuado al interés general
que se predica como condición necesaria de los fondos
públicos, que nacen de los bolsillos de todos y de ellos los
sacan (no voluntariamente, sino coactivamente). Posible lector, no vote
bisagra. Esa historia de “noltres i lo nostro y som
progressistes” no se la cree nadie si no a través de una
cautividad económica que se torna política por el voto
concedido o, de una historia, por parte de las izquierdas, de
herencia ideológica abuelo-paterno-filial, que el Muro de
Berlín debería haber borrado.
Sea cual fuere el partido o coalición de
ellos que salga de las urnas el próximo día 27, los
cuatro años de gobierno autonómico deberían
hacerse sobre algunas, o mejor sobre todas, las siguientes
premisas:
1ºContención del gasto público
con rebajas impositivas. Hace más de cuarenta años el
hacendista Buchanan ponía como no rebasable el límite del
25 % del PIB de la carga impositiva. Hoy se mesaría los cabellos
viendo cargas impositivas superiores al 40 %.
2ºProporcionar ayuda a las familias
menesterosas.
3ºFuerte impulso al I+D+I. Sin capital humano
no se puede andar por la senda del desarrollo económico y de la
globalización.
4ºUna economía abierta de mercado sin
intervenciones públicas entorpecedoras del libre flujo de
mercancías, servicios y capitales. Y sin barreras
autonómicas.
5ºMejorar e impulsar el tejido empresarial.
Sólo los empresarios crean riqueza. Los funcionarios no y su
exceso la destruye.
6ºImpulsar un turismo de calidad, de larga
duración que revitalice el papel que siempre han tenido nuestras
Islas en el mundo turístico.