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¿Es la construcción el factor relevante de crecimiento?
José Antonio Roselló Rausell  
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En segundo lugar, el factor determinante para valorar la importancia de un sector en cuanto a su papel en el crecimiento económico es el del cálculo de la llamada “aportación” o “contribución” al crecimiento conjunto de la economía. Esta cifra no se puede apreciar a primera vista, pero se puede calcular a través de una sencilla explotación de las cifras macroeconómicas publicadas.
En efecto, hechos los correspondientes cálculos, se puede constatar que en ninguno de los años que conforman el trienio 2003, 2004 y 2005, la aportación al crecimiento del sector de la construcción ha sido determinante. El sector servicios siempre le ha superado con diferencia. Por ejemplo, en 2005, del crecimiento del conjunto de la economía del 2,1%, la construcción aportó 0,30 puntos porcentuales, mientras que los servicios aportaron 1,68 puntos porcentuales (Ver cuadro anejo). La diferencia es clara y siempre ha sido así en nuestra economía.
En consecuencia, el crecimiento de la construcción es en sí mismo notable, pero en último término no es ni mucho menos el factor relevante del crecimiento balear.
A las anteriores precisiones, que tienen un carácter técnico incontrovertible, cabe añadir algunas más que son de índole apreciativa.
Por una parte, la importante contribución a la generación de puestos de trabajo es aún superior en el conjunto español (18,2 de cada 100 nuevos puestos creados en el periodo 1990-2004, que se eleva a 45,2 en el caso del empleo masculino). Es más: España como tal registra, en comparación con los países de la OCDE, la segunda mayor tasa de presencia del VAB de la construcción dentro del VAB total. Por tanto, si sólo se mira la situación de Baleares a algunos les puede sorprender o incomodar. Pero en realidad hay un factor general que trasciende el comportamiento singular de la economía balear, que en este sentido está incidida por ese fenómeno general del auge de la construcción en España, y de hecho en el conjunto occidental.
Por otra parte, la impresión de que los recursos destinados a la construcción deberían dedicarse a otros sectores más competitivos, es más una cuestión de voluntarismo o de preferencias personales que de realidad práctica. En este sentido, es más que dudoso que en el caso teórico de existencia de trabas o prohibiciones (por ejemplo, por una moratoria) los recursos se destinasen por arte de ensalmo hacia otros sectores. Vivimos en el marco de una economía de mercado, por tanto con libre asignación de recursos, de modo que es más que probable que, ante las condiciones objetivas actuales, tales recursos se acabasen canalizando hacia otros espacios económicos. Sólo políticas persistentes y duraderas en otros contextos, como las que también se han llevado o llevan a cabo, pueden contribuir a cambiar la situación.
Finalmente, no es del todo correcto menospreciar la capacidad generadora de crecimiento a medio plazo del sector, con especial referencia a la construcción de infraestructuras. Una parte importante de la actividad constructora de estos años se ha canalizado precisamente hacia esas infraestructuras (económicas; de transporte; de servicios colectivos) en el marco de una acción general de modernización de nuestra economía que en estos ámbitos se estaba encontrando cada vez más rezagada.
Se puede coincidir en determinados puntos de vista, especialmente entre aquellos que atribuimos una importancia especial a las cuestiones del crecimiento a largo plazo, cuyas bases no siempre se tiene la suerte de que surjan solas, sino que deben empezar a cimentarse en lo posible desde ahora a partir de nuestras propias acciones e iniciativas como sociedad. Pero al mismo tiempo conviene evitar análisis desenfocados, a veces más inducidos por las simpatías o antipatías personales o por los planteamientos políticos.
Por el contrario, una buena acción económica exige un diagnóstico frío y desapasionado de las cosas. Una descalificación del sector de la construcción puede tener algún eco en ciertos ambientes, pero no es una buena línea de reflexión para la política económica.
1 Las cifras están dadas en euros constantes, evitando de este modo el efecto distorsionador de los precios.
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De este modo, se añade que la construcción es el factor que está liderando el crecimiento económico de nuestra Comunidad Autónoma en contraposición a la aportación de los demás sectores. Expresiones del tipo “la economía isleña presenta como motor esencial la edificación” son sintomáticos de esta tendencia de pensamiento.
Igualmente, se señala que esta especialización en un sector de menor productividad, viene a ser una mala asignación de recursos en detrimento de otros sectores que de ser los que recibiesen estos recursos dotarían a la economía de una mejor productividad. A mayor abundamiento, la “especialización” en la construcción sería un factor de freno del crecimiento a largo plazo.
Las anteriores afirmaciones encierran una parte de elementos ciertos, pero al mismo tiempo tienden a magnificar la importancia real de la construcción al tiempo que desenfocan la correcta naturaleza de las cosas.
Es verdad que el sector de la construcción ha experimentado en el archipiélago balear una evolución particularmente importante. Así, tomando como base cifras publicadas, en el periodo 1990-2004, 17,6 de cada 100 nuevos puestos de trabajo de Baleares se han creado en este sector. La cifra asciende a 34,4 si se atiende al empleo masculino.
Adicionalmente, también se puede constatar que considerado en sí mismo, el crecimiento del Valor Añadido Bruto (o PIB, grosso modo) de este sector ha sido superior al de los demás sectores de la economía. Así por ejemplo, en 2005 el sector construcción creció un 3,1%, algo superior al crecimiento del sector servicios, situado en el 2,1%. Todo ello de acuerdo con las estimaciones de la Caixa d’Estalvis “Sa Nostra” (Ver cuadro que se acompaña)
Ahora bien, ¿es cierto que la economía balear se está especializando esencialmente en este sector? ¿Es cierto que el crecimiento económico está pivotando alrededor del mismo?
La respuesta es que técnicamente no es cierto. Para justificarlo se puede echar mano de las magnitudes macroeconómicas estimadas por la citada Caixa d’Estalvis “Sa Nostra” en sus sucesivos informes anuales y hacer una explotación de las mismas.
En primer lugar, si se toma el periodo 2002-2005, se puede constatar que el peso relativo de la construcción efectivamente ha tendido a aumentar. Este es un hecho que no admite discusión. Así, en 2002 el peso relativo de la construcción era del 8,62% y en 2005 ascendía al 9,82%. Sin embargo, también ha sucedido lo mismo con el sector servicios, que en 2002 era del 78,94% y en 2005 ya había alcanzado el 80,04% (Ver cuadro anejo)1. Por tanto, desde esta sencilla óptica no es técnicamente correcto expresar que se está produciendo una especialización de la economía en la construcción.
 
LA ECONOMÍA BALEAR
En los últimos tiempos, una parte del debate sobre la situación de la economía balear se ha centrado en analizar de manera poco favorable el papel del sector de la construcción. Concretamente, desde determinados ámbitos de pensamiento económico de nuestras islas se señala que se está produciendo una “especialización” de nuestra economía en este sector.