En segundo lugar, el factor determinante para
valorar la importancia de un sector en cuanto a su papel en el
crecimiento económico es el del cálculo de la llamada
“aportación” o “contribución” al
crecimiento conjunto de la economía. Esta cifra no se puede
apreciar a primera vista, pero se puede calcular a través de una
sencilla explotación de las cifras macroeconómicas
publicadas.
En efecto, hechos los correspondientes
cálculos, se puede constatar que en ninguno de los años
que conforman el trienio 2003, 2004 y 2005, la aportación al
crecimiento del sector de la construcción ha sido determinante.
El sector servicios siempre le ha superado con diferencia. Por ejemplo,
en 2005, del crecimiento del conjunto de la economía del 2,1%,
la construcción aportó 0,30 puntos porcentuales, mientras
que los servicios aportaron 1,68 puntos porcentuales (Ver cuadro
anejo). La diferencia es clara y siempre ha sido así en nuestra
economía.
En consecuencia, el crecimiento de la
construcción es en sí mismo notable, pero en
último término no es ni mucho menos el factor relevante
del crecimiento balear.
A las anteriores precisiones, que tienen un
carácter técnico incontrovertible, cabe añadir
algunas más que son de índole apreciativa.
Por una parte, la importante contribución a
la generación de puestos de trabajo es aún superior en el
conjunto español (18,2 de cada 100 nuevos puestos creados en el
periodo 1990-2004, que se eleva a 45,2 en el caso del empleo
masculino). Es más: España como tal registra, en
comparación con los países de la OCDE, la segunda mayor
tasa de presencia del VAB de la construcción dentro del VAB
total. Por tanto, si sólo se mira la situación de
Baleares a algunos les puede sorprender o incomodar. Pero en realidad
hay un factor general que trasciende el comportamiento singular de la
economía balear, que en este sentido está incidida por
ese fenómeno general del auge de la construcción en
España, y de hecho en el conjunto occidental.
Por otra parte, la impresión de que los
recursos destinados a la construcción deberían dedicarse
a otros sectores más competitivos, es más una
cuestión de voluntarismo o de preferencias personales que de
realidad práctica. En este sentido, es más que dudoso que
en el caso teórico de existencia de trabas o prohibiciones (por
ejemplo, por una moratoria) los recursos se destinasen por arte de
ensalmo hacia otros sectores. Vivimos en el marco de una
economía de mercado, por tanto con libre asignación de
recursos, de modo que es más que probable que, ante las
condiciones objetivas actuales, tales recursos se acabasen canalizando
hacia otros espacios económicos. Sólo políticas
persistentes y duraderas en otros contextos, como las que
también se han llevado o llevan a cabo, pueden contribuir a
cambiar la situación.
Finalmente, no es del todo correcto menospreciar la
capacidad generadora de crecimiento a medio plazo del sector, con
especial referencia a la construcción de infraestructuras. Una
parte importante de la actividad constructora de estos años se
ha canalizado precisamente hacia esas infraestructuras
(económicas; de transporte; de servicios colectivos) en el marco
de una acción general de modernización de nuestra
economía que en estos ámbitos se estaba encontrando cada
vez más rezagada.
Se puede coincidir en determinados puntos de vista,
especialmente entre aquellos que atribuimos una importancia especial a
las cuestiones del crecimiento a largo plazo, cuyas bases no siempre se
tiene la suerte de que surjan solas, sino que deben empezar a
cimentarse en lo posible desde ahora a partir de nuestras propias
acciones e iniciativas como sociedad. Pero al mismo tiempo conviene
evitar análisis desenfocados, a veces más inducidos por
las simpatías o antipatías personales o por los
planteamientos políticos.
Por el contrario, una buena acción
económica exige un diagnóstico frío y
desapasionado de las cosas. Una descalificación del sector de la
construcción puede tener algún eco en ciertos ambientes,
pero no es una buena línea de reflexión para la
política económica.
De este modo, se añade que la
construcción es el factor que está liderando el
crecimiento económico de nuestra Comunidad Autónoma en
contraposición a la aportación de los demás
sectores. Expresiones del tipo “la
economía isleña presenta como motor esencial la
edificación” son
sintomáticos de esta tendencia de pensamiento.
Igualmente, se señala que esta
especialización en un sector de menor productividad, viene a ser
una mala asignación de recursos en detrimento de otros sectores
que de ser los que recibiesen estos recursos dotarían a la
economía de una mejor productividad. A mayor abundamiento, la
“especialización” en la construcción
sería un factor de freno del crecimiento a largo plazo.
Las anteriores afirmaciones encierran una parte de
elementos ciertos, pero al mismo tiempo tienden a magnificar la
importancia real de la construcción al tiempo que desenfocan la
correcta naturaleza de las cosas.
Es verdad que el sector de la construcción
ha experimentado en el archipiélago balear una evolución
particularmente importante. Así, tomando como base cifras
publicadas, en el periodo 1990-2004, 17,6 de cada 100 nuevos puestos de
trabajo de Baleares se han creado en este sector. La cifra asciende a
34,4 si se atiende al empleo masculino.
Adicionalmente, también se puede constatar
que considerado en sí mismo, el crecimiento del Valor
Añadido Bruto (o PIB, grosso modo) de este sector ha sido
superior al de los demás sectores de la economía.
Así por ejemplo, en 2005 el sector construcción
creció un 3,1%, algo superior al crecimiento del sector
servicios, situado en el 2,1%. Todo ello de acuerdo con las
estimaciones de la Caixa d’Estalvis “Sa Nostra” (Ver
cuadro que se acompaña)
Ahora bien, ¿es cierto que la
economía balear se está especializando esencialmente en
este sector? ¿Es cierto que el crecimiento económico
está pivotando alrededor del mismo?
La respuesta es que técnicamente no es
cierto. Para justificarlo se puede echar mano de las magnitudes
macroeconómicas estimadas por la citada Caixa d’Estalvis
“Sa Nostra” en sus sucesivos informes anuales y hacer una
explotación de las mismas.
En primer lugar, si se toma el periodo 2002-2005,
se puede constatar que el peso relativo de la construcción
efectivamente ha tendido a aumentar. Este es un hecho que no admite
discusión. Así, en 2002 el peso relativo de la
construcción era del 8,62% y en 2005 ascendía al 9,82%.
Sin embargo, también ha sucedido lo mismo con el sector
servicios, que en 2002 era del 78,94% y en 2005 ya había
alcanzado el 80,04% (Ver cuadro anejo)1. Por tanto, desde esta sencilla óptica no es
técnicamente correcto expresar que se está produciendo
una especialización de la economía en la
construcción.