Escribir una nota necrológica, o algo que se
le parezca, en un suplemento de Economía parece un
despropósito, un disparate. Los economistas acostumbramos a
escribir sobre alguien que nos ha dejado y tan sólo cuando
durante su vida fue economista de prestigio y queremos
glosar su obra.
No es ningún disparate escribir en este
suplemento de economía sobre Els Valldemossa y sobre la
muerte, el pasado sábado 8, de Rafael Estarás,
fundador del grupo junto a sus hermanos Bernat, Tomeu y luego su
bella esposa Genia Tobin, el primo Matíes, Margalúz y
Xesc Forteza, (Xesc a secas y sabíamos a quien nos
referíamos). Digo que no es ningún
despropósito económico porque la economía, hay que
decirlo, está en cualquier faceta de la vida. No es tesis
marxista, que desprecio en su aplicación práctica.
Léase el libro de reciente aparición
“Economía y Literatura”. Ecobook, editorial del
economista, como curioso ejemplo de esa presencia de la
economía en múltiples aspectos de la vida.
Els Valldemossa iniciaron su andadura en 1959,
año en que, poco más o menos, lo hace el turismo de
masas. Les vi actuar por primera vez en la sala de fiestas Tagomago en
el verano de 1966. Una noche que siempre será memorable.
Recuerden mis maduros lectores aquel famoso Tagomago con un aforo de
1500 plazas que albergaba un turismo de masas en estado puro. El
espectáculo me deslumbró porque obsesionado por lo
turístico, como siempre lo he estado, vi, observé,
miré más allá de lo que se ve, observa, mira y
representa un soberbio espectáculo. Actuaban Els
Valldemossa, Margalúz y Xesc Forteza, este último
haciendo de mago, sin pronunciar una sola palabra y el público
desternillándose de risa.
Estaba allí como profesor, junto a un
grupo de estudiantes de Económicas de la Universidad Complutense
de Madrid. Integrábamos el que sería el primer seminario
de investigación turística de España extramuros de
las aulas.
El 24 de mayo de 1967 publiqué en el Diario
de Mallorca –que dirigía de hecho Antonio Alemany- un
artículo que titulé “Xesc Forteza,
Sociólogo del Turismo”. Rememoraba aquella
cálida noche de verano, cálida en todos los
aspectos: “Todo nos hablaba con claridad, de una nueva y
naciente cultura, de una cierta cultura del turismo…Xesc Forteza
había actuado de receptáculo de toda una
atmósfera…y lo exponía sabiamente, como nadie
en las Islas podía hacerlo.”
Margaluz era una artistaza de pies a cabeza,,
rematadamente guapa, de unos veintipocos años a quien las tablas
transfiguraba, convirtiendo en gran artista a una chica normal. Els
Valldemossa eran nuestros artistas de conjunto. Cantaban y manejaban
instrumentos de cuerda y Tomeu sacaba sones maravillosos de una pobre
flauta, un fabiol. Xesc, entusiasmaba con su mímica.
Rompía todas las barreras lingüísticas y nacionales.
Todos, sin excepción, franceses, ingleses, alemanes,
nórdicos, españoles... le comprendían a la
perfección. Utilizaba un lenguaje que había dejado el
costumbrismo de nuestra Isla y revoloteaba por toda Europa. Era el
nuevo y universal lenguaje turístico.
En aquella ocasión Xesc representaba a un
mago sabio. Daban fe de ello las numerosas medallas prendidas en
la parte interior de su americana y que, de vez en cuando, se
cuidaba en mostrar. Creo recordar que actuaba de ayudante
Matías, que le seguía a distancia, ¡ojo en
acercarse demasiado al sabio, porque entonces éste con gesto
displicente le alejaba y con un mimo sublime decía que el
sabio, el único sabio, el gran sabio era él y sólo
él!. Me repito. Margaluz mostraba su genio
artístico y su gran belleza de veinte y pocos años.
¿Y Els Valldemossa?, pues cantaban y tocaban que era un
portento. Sobre todo Tomeu, que sacaba sones increíbles de
su diminuta y sencilla flauta. Más tarde se incorporaría
una jovencísima Genia que cantaba en varios idiomas. Por cierto,
habla un mallorquín muy culto. También ellos han cantado
siempre en varios idiomas, aunque con una querencia no disimulada
por algunas típicas canciones mallorquinas.
El pasado domingo de Pascua, en comida
familiar en casa de un amigo hotelero muy emprendedor,
mientras saboreábamos el tradicional frito, el cordero asado,
las empanadas y robiols, le aseguré lo importantes que
habían sido Els Valldemossa para la promoción de Mallorca
y lo poco que se decía. El anfitrión me lo
confirmó con rotundidad. Son nuestros. Aman lo nuestro, nuestras
tradiciones y costumbres y con enorme gracia y mucho arte
han sabido siempre mostrar lo mejor de ellas,
ignorando los aspectos negativos de nuestra sociedad, que ya es mucho
ignorar, porque la mediocridad, la falta de cultura o la envidia
son fuertes rasgos de nuestro carácter isleño.
Por ello este breve apunte, doblemente
triste, en recuerdo de Els Valldemossa. Primero, por la
muerte de Rafael. Mi sentido pésame para sus familiares y amigos
íntimos, que deben ser multitud. Segundo, porque sorprende la
total ausencia de autoridades políticas en el funeral de Rafael.
¿Dónde estaba, por ejemplo, esa señora del
visón, esa política que no se cansa de hablar de lo
nuestro?. El día era frío y se prestaba a lucir su
magnífica prenda. Qué vergüenza para quienes lo
nuestro, afortunadamente, no es lo suyo. ¿En que pobre
país vivimos donde no se valora lo que de trascendente tienen
los bienes superiores de la cultura y se aprecia más
allá de lo razonable a pobres becerros de oro?.
Porque Rafael, además de ser el personaje central del
grupo, a lo largo de su trayectoria destacó siempre
por su compromiso con la cultura catalana, inclinada hacia su
vertiente mallorquina.
¡Que el buen Dios haya acogido a Rafael en su
seno, entre paisajes de montañas valdemosinas, entre floridos
almendros y verdes olivos. Y que ahí arriba se encuentre
con Margaluz y Xesc Forteza.! Y que sigan al pié del
cañón: son una institución que sigue necesitando
Mallorca y, sobre todo, es el mejor homenaje que podrían hacer a
Rafael.