1 En
efecto, tal es es caso de las memorias anuales del Consell
Econòmic i Social de les Illes Balears, así como de los
Informes Anuales de la la Caixa de Balears “Sa Nostra”.
2 Como
el lector experto habrá podido notar, aquí estamos
hablando indistintamente de inversión “exterior” y
de inversión “extranjera”. La inversión
exterior es la suma de la extranjera más la procedente del resto
de España. En términos macroeconómicos tienen un
tratamiento similar. En términos más
microeconómicos y de desarrollo a medio y largo plazo, la
inversión extranjera suele tener un tratamiento más
singularizable, que es el que se sigue en parte de este
artículo.
3 Durante
la legislatura 1999-2003, la Conselleria de Innovación, bajo la
dirección del Sr. Villalonga, también incidió en
estos aspectos, que se vieron reflejados en los respectivos Planes de
I+D y de Innovación. En la legislatura 2003-2007, estas
cuestiones volvieron a residenciarse en Economía y Hacienda.
4 La
reciente cuestión suscitada sobre la atracción de
inversión a Baleares sobre la base de los “bajos
salarios” es obvio que se corresponde mal con la visión de
la inversión exterior mantenida en este artículo. Es
más: la estadística sobre salarios que se emplea para el
argumento, siempre ha sido objeto de patente extrañeza. De
hecho, el propio ex Presidente del Gobierno, Sr. Felipe
González, interrogado en cierta ocasión sobre el
particular, mostró una particular cautela sobre la misma.
Personalmente nunca he compartido este punto de
vista, que considero fruto del simplismo con el que en no pocas
ocasiones se afrontan las cuestiones económicas. Esta
oposición invita a que exponga de manera sintética por
qué creo que es necesaria la inversión extranjera y hasta
qué punto es realmente necesaria, tomando como referencia el
caso de la economía balear.
La inversión extranjera, considerada de una
manera genérica, es necesaria en primer lugar, por una
cuestión macroeconómica. En concreto, para igualar los
flujos de capacidad y de necesidad de financiación de una
economía. Expresado de manera técnica, cuando el ahorro
es insuficiente para financiar la inversión, se recurre a los
flujos de captación externa de capitales, siendo la vía
más sana la de la inversión directa de los agentes
económicos externos. Esta es una situación típica
de los países con déficits en las cuentas exteriores, ya
sea por las insuficiencias de su exportación de bienes y
servicios o por insuficiencias en su generación de ahorro. La
economía española como un todo es un ejemplo, al igual
que lo son bastantes de las Comunidades Autónomas que la
componen. Más claro si cabe, es el caso de los países en
desarrollo que necesitan del aporte de capitales externos para dar
cobertura a su despegue económico. He aquí, pues, la
explicación de la primera motivación de la
inversión extranjera.
¿Es éste el caso de Baleares? La
verdad es que no. La economía de nuestra Comunidad
Autónoma registra sistemáticamente un superávit de
la balanza de pagos por cuenta corriente, que es lo mismo que decir que
registra una generación de ahorro superior a la necesidad de
inversión. Dicho en otros términos, la capacidad de
financiación es superior al importe de la inversión y
este fenómeno se trasluce en una “exportación de
capitales” hacia el exterior del territorio del
archipiélago, tanto el resto del territorio nacional como el
extranjero. Ello se produce así, tanto a través de los
flujos del sector privado como por medio de los mecanismos de la
Balanza fiscal. Desde la perspectiva privada, un buen ejemplo es la
inversión exterior hotelera balear y española en el
Caribe y en el conjunto de América latina, que supone un
traslado de capitales a unos países donde la tasa de ahorro no
les permite cubrir sus necesidades de inversión.
Todos los estudios económicos sobre la
economía balear inciden en este aspecto de la exportación
de capitales hacia el exterior1. Los datos de los últimos años se
contienen en el cuadro nº 1 en el que se puede constatar la
sistemática capacidad de financiación de la
economía balear hacia el exterior. Desde esta perspectiva, la
inversión exterior, ya sea la proveniente del resto de
España, como la proveniente del extranjero, puede considerarse
innecesaria2.
Entonces, ¿por qué la seguimos
necesitando en realidad? Aquí entramos en el verdadero meollo de
la cuestión. Como sucede en cualquier espacio económico,
la inversión extranjera puede cubrir aquellos flancos de la
economía, que aún siendo objeto de atención de los
capitales originarios de las islas, permiten dotar de mayor eficiencia
a los mercados de bienes y servicios ya existentes, dinamizando estos,
generando mayor competencia e incluso llenando nichos de mercado no
suficientemente cubiertos por las actividades existentes.
Es en este sentido que, en general, la
inversión extranjera ha sido siempre bien vista en Baleares. En
cambio, debería ser objeto de vigilancia aquella
inversión foránea cuyo destino fuese consumir territorio
sin una planificación o diseño respetuoso con las
características de la insularidad y con nuestras
características naturales y del contorno. A tenor del reparto de
la inversión extranjera en los últimos años (Ver
cuadro nº 2), parece razonable pensar que hay un interesante
camino por recorrer.
En segundo lugar, la inversión extranjera es
susceptible de contribuir de una manera especialmente importante a
generar actividades nuevas que incorporen lo que se conoce como
“alto valor añadido”. Por tanto, se trata de
actividades que incorporan un elevado contenido tecnológico y
comprenden nuevos ámbitos de producción de bienes o
servicios que modernizan nuestra economía. Actividades, en no
pocos casos, más propias del también llamado
“sector cuaternario”.
Se da la circunstancia de que este tipo de
actividades no están precisamente vinculadas a una
situación de bajos salarios, toda vez que las empresas que los
realizan valoran otras condiciones tales como el talento, la
predisposición al cambio y a la innovación, así
como los elementos de contexto que son susceptibles de favorecerlas,
complementarlas o crear sinergias con ellas, como puede ser el caso de
centros de investigación o de organismos público-
privados cuya razón de ser es la de volcarse en favor de estas
actividades. Esta fue siempre la guía de actuación de,
por ejemplo, la Conselleria de Economía y Hacienda, bajo los
Consellers Forcades, Matas y Rami. Y, a tenor del contenido y alcance
del Plan de I+D+i, muy elaborado, sensato y solvente, también es
guía de actuación del actual Conseller de
Economía, Hacienda e Innovación, Sr. Ramis.3
Nunca ha sido la tónica del Govern balear,
cualquiera que haya sido su color, ni la de baleares como sociedad,
basar la atracción de la inversión extranjera y del resto
de España en otros aspectos que no sean los señalados. La
generación de nuevas actividades, especialmente de cara al
futuro que se avecina, si han de estar basadas o complementadas en
aportes externos, debe estar especialmente empeñada en atraer
actividades especialmente caracterizadas por su componente
tecnológico y, por ende, en la cualificación de los
recursos humanos.4