Marina M. Ballestero. Palma. La
globalización cuenta con partidarios y detractores, como todo
fenómeno, pero no es conveniente generalizar sobre sus
consecuencias negativas ya que contribuye al desarrollo de determinadas
zonas del planeta, así como a la supervivencia de determinadas
industrias, que consiguen subirse al tren de la competitividad gracias
a poder producir a un coste más bajo en otros países, al
tiempo que amplían sus posibilidades de comercialización
en un mercado sin fronteras. Es el caso de la industria de calzado de
Baleares, que a pesar de haber sufrido la invasión de zapatos
procedentes de Asia, es una de las únicas industrias de las
Islas que ha conseguido mantener e incluso aumentar el ritmo de las
exportaciones en los últimos años, que suponen más
del 40% de las ventas. Con diseño y calidad, el sector se
enfrenta a un mercado en el que sobreviven los mejores.
A pesar de la fuerte competencia, “el calzado
es el sector más dinámico de las Baleares”
según Guillermo Coll, presidente de la Asociación de
Fabricantes y Auxiliares de Calzado de Mallorca (Afaca). En efecto, el
calzado balear ha adoptado una estrategia de calidad que pasa por
tratar de tener un producto diferenciado, con calidad y con una
identidad suficiente para tener más posibilidades de competir y
de introducirse en el mercado exterior. De hecho, la industria de la
Menorca se ha especializado hasta el punto de que 45 de las 46 empresas
de la isla se dedican al calzado de mujer de vestir, que marca
tendencia a nivel mundial. Así se han construido marcas como
Pons Quintana o Jaime Mascaró. Ésta última, que
inició sus actividades en Ferreries en 1918, ha optado por
desarrollar su propia cadena de tiendas a fin de fortalecer la marca y
apuntalar el negocio y cuenta en la actualidad con puntos de venta en
España, Francia, Taiwán, China y Andorra, entre otros.
“El calzado menorquín y, balear en
general, es internacional desde hace muchos años”, afirma
Pau Seguí, secretario de la Asociación de fabricantes de
calzado de Menorca (AFCM). “Desde siempre ha sido un sector que
ha salido al exterior, ha roto fronteras.
La producción del calzado en España
bajó en 2005 un 11,6% al alcanzar los 2.151,4 millones de euros
frente a los 2.435 millones del ejercicio anterior, mientras que el
descenso en número de unidades fue de un 12%, con 129 millones
de pares de zapatos, 3,1 millones en Baleares (lo que representa el
2,5% en pares pero el 5,3% en valor). A pesar de este descenso, uno de
cada cuatro zapatos fabricados en Europa es español.
España es el segundo país productor y exportador de
calzado de la Unión Europea y según los datos de 2005,
España exportó 96,4 millones de pares, por valor de
1.647,3 millones de euros, un 11,1% menos que en el ejercicio anterior
donde se exportaron 108 millones de unidades que supusieron un total de
1.754 millones de euros.
Los datos del sector del 2005 indican que las
importaciones, procedentes de países asiáticos alcanzaron
durante el 2005 los 247 millones de pares, que supone un incremento del
30% respecto al año anterior y que en valor, las importaciones
alcanzaron los 1.386,7 millones de euros frente a los 1.145 de 2004 (un
21,1 % más).
Aunque estas cifras ponen de manifiesto un
descenso del número de pares exportados, el precio medio de las
exportaciones ha aumentado en el último año un 6%.
Competir con calidad es la estrategia tanto a nivel nacional como
local. Países como Francia, Alemania, Reino Unido, Portugal,
Estados Unidos e Italia se sitúan como los principales
compradores de zapatos de España, destacando el caso del mercado
italiano donde se ha registrado un incremento del 11,3% en las
exportaciones de calzado español durante 2005.
Lo que pasa es que antes era básicamente
para vender, no para producir. Sin embargo, a raíz de la mejora
de las comunicaciones y de la entrada en el circuito industrial de
países con mano de obra económica, las industrias de
economías desarrolladas se han ido a producir
allí”, explica. “Es importante precisar que en
Menorca no se puede hablar de deslocalización sino de
multilocalización. Ninguna empresa de calzado ha cerrado para
irse a producir fuera. Lo que sí sucede es que algunas empresas
fabrican parte del producto en el exterior, como el trenzado que se
hace a mano y lo hacen en la India o China, pero ese fenómeno no
ha implicado la pérdida de puestos de trabajo a nivel local,
más bien al contrario”, precisa Seguí.
El secretario de AFCM detalla los costes de
elaboración de colecciones de alta gama, lo que obliga a las
empresas de las Islas a buscar alternativas de producción para
reducir sus costes y poder ser competitivas y seguir conquistando
mercados. “Tener algunas líneas de producción o
componentes o parte del producto final realizado en otras zonas
contribuye a mantener precios”, afirma Seguí.
“Hablamos de un porcentaje de la producción que no supera
el 20%, que permite a estas empresas mantener una estructura de costes
equilibrada”, concluye. Las líneas de calzado
menorquín se producen fundamentalmente en China y la India,
aunque Seguí no descarta Marruecos en un futuro próximo.
Esta estrategia de producción ha permitido
al calzado menorquín competir con producto de calidad en los
mercados internacionales. “No podemos competir con producto
barato ya que la incidencia del coste de transporte nos dejaría
fuera de mercado. La solución pasa por la especialización
en calzado de señora de moda y de vestir con un alto componente
en diseño y calidad”, detalla Seguí. “Los
asiáticos producen a precios de imposible competencia. Nuestro
objetivo es ir diferenciando en lo posible el producto, para poder
competir a otro nivel”. El sector de enfrenta ahora al problema
de las copias, innato en el mundo de la moda. “El problema es que
los chinos antes producían para marcas europeas pero ahora
cuentan también con sus propios diseñadores y sus propias
marcas, que han incrementado mucho su nivel de calidad y diseño
porque tienen recursos. Es cuestión de hacer inversiones”,
asegura Seguí.
Aún así las cifras avalan a uno de
los sectores más dinámicos de las Islas. Aunque la
presencia de calzado menorquín ha disminuido a nivel nacional,
las exportaciones crecen cada año. Las cifras son alentadoras si
se considera que la intrusión asiática está
causando estragos en otros sectores a nivel nacional. En 2005 y 2006,
el calzado menorquín incrementó en cerca de un 8% el
número de exportaciones, y el consejero de Industria y
Energía, Joan Josep Cardona, aseguró en la Feria
Modacalzado de Madrid el pasado mes de septiembre, que 2007
volverá a “ser un buen año para la industria del
calzado y las exportaciones de Baleares”, ya que, “se
exporta cerca del 48% de la producción total de las
islas”. Apostar por la calidad, el diseño y la
“política de marca” son las tres estrategias por las
que Cardona sigue apostando para afrontar la intrusión del
mercado asiático en Europa y para alcanzar niveles competitivos.
Son valores añadidos que también Pau Seguí cita al
afirmar que las empresas menorquinas tienen mucha tradición por
lo que aportan “seguridad” a los comerciantes.
El secretario de la AFCM destaca el importante
esfuerzo del sector a la hora de comercializar su producto. “Las
empresas de Menorca contratarán este año del orden de
120-125 stands en
22 o 23 ferias en 11 países distintos. Hay un esfuerzo muy
grande en promoción exterior porque somos conscientes de que
tenemos que estar en los mercados internacionales, que es donde crecen
cada año nuestras ventas”, concluye Seguí.
Camper, una historia de éxito internacional
La fuerte competencia lleva a las empresas a buscar
alternativas para mejorar la rentabilidad, ganar en flexibilidad y ser
más competitivas en el mercado. Externalizar procesos es la
clave para estas necesidades, que el sector del calzado también
está comenzando a aplicar. La especialización en una
determinada actividad lleva a mejores resultados con menores costes, y
el sector se está dedicando más a diseñar sus
colecciones –que es lo que aporta el valor añadido- para
encargar la fabricación a otros y liberarse de los costes fijos
que supone mantener una fábrica propia. La mallorquina Camper
nació con esa filosofía, otras empresas están
empezando a diversificar su producción para mantenerse
competitivas frente a la invasión de producto asiático.
“Los hábitos de consumo han cambiado en España,
disminuyendo el nivel de calidad medio en las compras”, reconoce
Pau Seguí, lo que ha obligado a todas las marcas a estudiar su
estrategia de producción para conseguir diferenciarse ofreciendo
calidad y diseño al mejor precio.
Con 4.000 puntos de venta distribuidos en 40
países, Camper es una de las empresas líderes en el
diseño y distribución de calzado a nivel nacional e
internacional. Aunque la empresa conserva sus oficinas centrales en el
corazón de Mallorca, donde nació en 1975, los más
de 3 millones de pares que produce al año no computan en el
balance de pares de la industria balear, ya que fabrica buena parte
fuera de la isla y más del 50% fuera de España, entre
Europa del Este, Marruecos y China. “Camper siempre ha estado
volcada en el diseño y nunca ha tenido fábricas propias.
La producción se basa en relaciones con empresas nacionales e
internacionales”, explica Dalia Saliamonas, portavoz de la
empresa. “En Camper diseñamos el 100% de nuestro
producto y adjudicamos la producción a la fábrica
más indicada por su tecnología u otra especialidad de
interés. También tenemos proyectos de productos
especiales por comercio justo en Bangladesh y la India y otros
países en vías de desarrollo”, continúa
Saliamonas, vinculada a la marca desde sus comienzos. “Camper fue
una de las primeras empresas en su sector y por lo tanto es pionera en
el tema de outsourcing, externalizando sobre todo la producción del calzado,
aunque también tenemos colaboradores en distintas áreas
de la empresa. Últimamente colaboramos con diseñadores
industriales de gran reconocimiento en un proyecto que se llama
‘Camper Together’, una colaboración de diseño
para tiendas”, detalla. Camper asegura que la entrada de calzado
asiático en Europa no ha perjudicado sus resultados. La marca se
atreve incluso a abrir tiendas en China y Brasil, donde la competencia
en precio es feroz. “El precio es feroz en marcas que
están en ese juego. Sin embargo, en ambos mercados
también hay consumidores que no entran en la guerra de precios y
prefieren marcas originales y de calidad. Allí es donde entramos
nosotros y estamos contentos con la presencia que tenemos”,
explica Saliamonas. Un diseño rompedor y la calidad de su
producto es la tarjeta de presentación de Camper allí a
donde va. Cuando en los años 90 la marca comenzó su
internacionalización, comenzó también su proceso
de “camaleonización”, desechando el concepto de
globalización que adoptan otras marcas de moda. Camper ha sabido
incorporar a sus tiendas el carácter de cada ciudad, su cultura,
de ahí que cada tienda sea diferente, reflejo de su
filosofía, pero adaptada al entorno. De esta forma, estos
espacios se han convertido, en su conjunto, en el activo más
importante de la marca porque transmiten fielmente sus valores y su
imagen al cliente. La marca persigue vender una filosofía a
través de sus productos y hacer partícipe a quienes
compran un par de zapatos Camper de sus valores.
Esta marca mallorquina e internacional se adapta
con facilidad al entorno, dedicando una tienda al burro
mallorquín en la famosa calle Old Bond Street de Londres o dando
a conocer la Mallorca más rural en sus tiendas de Nueva York o
Taiwán. El secreto de su éxito podría ser ese
doble aspecto local e internacional que presenta la marca fiel a su
filosofía de “Camina, no corras”, desde sus
orígenes. “Somos fieles a nuestras raíces, no hemos
cambiado de filosofía y estamos cómodos siendo quienes
somos. Hoy en día, el consumidor aprecia una marca que es fiel a
sus valores. Somos de Mallorca, de Inca, y nos sentimos orgullosos, y
no hemos cambiado en nada aunque hoy estemos presentes en muchos otros
países. La globalización es un fenómeno
enriquecedor, que nos hace aprender cada día manteniendo nuestra
identidad”, explica la portavoz de Camper.
En 2006 la marca ha abierto numerosas tiendas, ha
lanzado Camper niños al mercado, nuevos productos…
“Hacer lo que nos gusta nos lleva a renovarnos cada año
experimentando y jugando con nuevas ideas. Estar centrados en el
diseño nos permite poder dedicar más tiempo a innovar
tanto en modelos como en materiales, quizás por eso la marca
Camper sigue viva con la misma fuerza tras más de 30 años
en el mercado”, concluye Saliamonas.