La síntesis de los problemas del sistema de
financiación balear y las dudas sobre la actitud del Gobierno
del Estado. Aviso de navegantes
José Antonio Roselló Rausell
El sistema de financiación de las
Comunidades Autónomas, tal como lo conocemos en la actualidad,
iniciÓ su andadura en 1987. Desde entonces, ha ido evolucionando
y registrando sucesivas transformaciones cuyos resultados, aplicados al
caso balear, nos dotan de alguna experiencia para sacar algunas
conclusiones.
Los términos de la cuestión
Es un hecho cierto la crónica
insatisfacción que los resultados del sistema de
financiación provocan en la Comunidad Autónoma de
Baleares. Esta insatisfacción, que ya se hizo patente a partir
del mimo año 1987, se ha perpetuado en el tiempo toda vez que
ninguna de las transformaciones del sistema ha permitido darle la
vuelta a la situación.
El tema de la financiación autonómica
es francamente complejo, porque lo es su propia estructura
técnica y la diversidad de componentes que entran en el mismo
(estructura matemática del modelo económico de fondo;
inserción de las cuestiones tributarias; elaboración real
a partir de negociaciones políticas; procesos poco transparentes
de la negociación; confusión en la presentación de
los resultados; …)
No obstante, de toda la maraña de
complejidad, se pueden extraer dos elementos que ilustran de manera
patente la problemática balear. El primero de ellos, se refiere
al resultado a que finalmente conduce la multiplicidad de aspectos que
inciden en el sistema. Este resultado es el que se expresa a
través de la financiación por habitante de la Comunidad
Autónoma, expresada en términos comparativos con el resto
de Comunidades Autónomas, y particularmente, con su media.
En cuanto a este punto, cabe recordar que ya
durante los años ochenta y noventa, la financiación per
cápita de Baleares se situó por debajo de la media de las
Comunidades Autónomas de régimen común (excluidas,
por tanto, las forales) y además de manera patente.
Tanto es así que durante la
negociación del sistema 1997-2001, que tuvo lugar a finales de
1996, uno de los hitos de esta negociación fue el acuerdo por el
cual se establecía una regla de garantía consistente en
que ninguna Comunidad Autónoma podía acabar teniendo una
financiación por habitante inferior al 90% de la media de las
Comunidades Autónomas del sistema. Esta garantía
recibió técnicamente el nombre de “capacidad de
cobertura de la demanda de servicios públicos”.
Este importante acuerdo fue promovido por la
delegación balear e impulsado por las delegaciones de las
Comunidades Autónomas de Baleares, Murcia y Valencia1. La
delegación del Ministerio de Hacienda, que recibió esta
iniciativa no sin sorpresa, consiguió sin embargo “salvar
los muebles” demorando la efectividad del acuerdo al momento en
que a todas las Comunidades Autónomas de régimen
común se les hubiese traspasado la competencia en materia de
educación. En la práctica, ello supuso demorar la
efectividad del acuerdo al año 2001. Además, en el
cómputo de la financiación por habitante, no se
incluyeron los importes de la llamada garantía por
“límite mínimo de evolución de los recursos
por IRPF”. Esto hizo que en realidad, en el cómputo final
tampoco se alcanzase el límite mínimo del 90%.
En efecto, la liquidación del sistema de
financiación correspondiente a ese año 2001
comportó que la Comunidad Autónoma de Baleares no
alcanzase, a través de los mecanismos “normales” del
sistema (y sin computar la antes citada garantía de IRPF, que no
fue necesario aplicar a baleares, pero sí a otras Comunidades
Autónomas) el 90% de financiación por habitante del
conjunto. Entonces se tuvo que activar esta regla de garantía,
lo cual supuso un nada desdeñable incremento de
financiación de 56,33 millones de euros, correspondiente
técnicamente al año 20012. No obstante, en cómputo final, tal como se puede
constatar mediante el cuadro nº 1, la financiación per
cápita de Baleares realmente se situó, no en el 90%, sino
en el 82,78% de la media de las Comunidades Autónomas. Por
descontado que podría haber sido peor, pues sin esa
garantía de “cobertura de la demanda de servicios
públicos” la financiación se hubiese situado en el
76,22%.
Con posterioridad, a partir de 2002 entró en
vigor una nueva variante del sistema, que es la que se está
aplicando en la actualidad. A tenor de los resultados conocidos
(años 2002, 2003, 2004 y 2005), la financiación por
habitante de Baleares ha vuelto a caer, situándose, para los
años 2002 a 2004, alrededor del 84/85% de la media de las 15
Comunidades Autónomas de régimen común. Por tanto,
¡unos 15 ó 16 puntos por debajo! El problema es más
grave, si cabe, si se tiene además en cuenta que la horquilla de
variación con aquellas Comunidades Autónomas que
están por encima de la media es superior a 30 puntos
porcentuales. A mayor abundamiento, en la muy reciente
liquidación correspondiente a 2005, la situación ha
caído al 81,66% (Ver cuadro nº 2).
Como puede advertirse, la alegría (de todos
modos, parcial y un tanto equívoca) del año 2001
duró poco. Esto es así a pesar de las expectativas que se
abrieron con el nuevo sistema. Si se observa el antes citado cuadro
nº 1, este también recoge los datos de partida del actual
sistema. Puede comprobarse, en consecuencia, que de acuerdo con la
negociación la financiación mejoró en el
componente de competencias comunes, pasando (en términos de la
media de las Comunidades Autónomas) del 82,72% al 88%,
así como en el componente de la Sanidad, al pasar de un 84,10%
al 93,80%. Sin embargo, la aplicación de los mecanismos del
sistema en los años transcurridos y liquidados (2002 a 2005) ha
hecho caer de nuevo la financiación relativa a los alrededores
del 80%.
En este contexto, el segundo elemento que ilustra
el problema de la financiación, no es tanto de contenido
teórico, sino de construcción misma del sistema en el
caso concreto balear.
En principio, la construcción del sistema
parece mínimamente correcta al hacer depender la
financiación autonómica de un modelo basado en
indicadores socioeconómicos. En este punto, ya se registra un
primer problema si se considera que los indicadores no reflejan la
verdadera situación de Baleares. Ha sido, y es, el caso de la no
incorporación de la población flotante, tema por
demás recurrente y bien conocido, y más recientemente el
de no reconocer el aumento de la población de derecho.
1 El
acuerdo se gestó en una reunión mantenida un viernes por
la tarde en Palma de Mallorca, en el despacho del entonces Conseller de
Economía y Hacienda, Antonuio Rami, cerebro de la iniciativa y
de la estrategia. Participaron en la reunión el citado
Conseller, sus homólogos de Murcia y Valencia, respectivamente,
Juan Bernal y José Luís de Olivas, y un servidor.
2 En
términos de presupuesto, dado el “decalage” de dos
ejercicios de la liquidación, esta cifra se aplicó al
presupuesto de 2003.
3 La
negociación de 2001 fue muy poco transparente. Tanto es
así que en general las Comunidades Autónomas incluso
pudieron no saber que estaban siendo víctimas de esta
modulación. El autor de este artículo recuerda como, poco
tiempo después de la negociación, comentó a uno de
los miembros de una delegación importante que a esta le
habían practicado efectivamente una modulación en
negativo, y a este miembro ¡le vino de nuevo! Meses
después, con respecto a esta misma Comunidad Autónoma,
hizo el mismo comentario a un conocido experto en el sistema de
financiación, y también le vino de nuevo. El trasfondo no
era la falta de capacitación técnica de estos, sino la
citada falta de transparencia y, también hay que decirlo, las
urgencias financieras de los Consejeros, pues desde una perspectiva
cuantitativa, todas las Comunidades Autónomas ganaban algo.
4 Con la
finalidad de no trivializar este asunto, conviene traer a
colación que una causa de las reglas de modulación estuvo
en la combinación entre mantener el statu quo de algunas
Comunidades Autónomas que perdían financiación,
contentar a otras con mecanismos ad hoc y todo ello en el marco del
control presupuestario. A este efecto, no es ocioso recordar que
sólo en competencias comunes el cote para el Estado del nuevo
sistema, en euros de 1999, fue de 1.194,75 millones (198.791 millones
de pesetas)
Pero el problema, siendo cierto lo anterior, en
realidad es más grave y profundo, pues lo que ha sucedido es que
de una manera sistemática, en las negociaciones de la
financiación a Baleres se le ha aplicado, prácticamente
“manu militari” la llamada “regla de
modulación”.
En síntesis, la regla de modulación
consiste en que una vez determinada la financiación de una
Comunidad Autónoma en el año de referencia o año
base (que en la negociación de 2001 fue el año 1999), a
esta Comunidad Autónoma se le practica, por así decirlo
“fuera del modelo”, un recorte directo como consecuencia de
considerar que esta Comunidad Autónoma “gana
demasiado”. Literalmente es así, aunque naturalmente no
queda oficialmente expresado así.
Si atendemos a los hechos, la modulación la
padeció primero en 1992 el entonces Conseller de Economía
y Hacienda, Alejandro Forcades, a manos del Ministro Solchaga, con
motivo de la negociación del sistema 1992-1996. Después,
con motivo de la negociación del sistema 1997-2001, el trasfondo
del modelo de indicadores socioeconómicos no se movió,
con lo cual se perpetuó de facto el sistema 1992-1996; si bien
la regla del 90% antes citado compensó en parte este hecho.
Con motivo del sistema que se negoció en
2001, y que empezó a regir en 2002, el Conseller de Hacienda y
Presupuestos, Joan Mesquida también tuvo que vérselas con
una regla de modulación, importante en sus efectos, que se
practicó desde el Ministerio de Hacienda, dirigido por
Cristóbal Montoro.
Conviene señalar un par de aspectos: En
primer lugar, que fueron varias las Comunidades Autónomas que en
la negociación de 2001 padecieron reglas de modulación en
negativo que supusieron recortes de fondos. Entre ellas, también
cabe citar a Cataluña3. En segundo lugar, la aplicación de estas reglas
de modulación poco tienen que ver con las diferencias de
partidos políticos gobernantes en el Estado y en las Comunidades
Autónomas. De hecho, en esa negociación de 2001 la regla
de modulación también la padeció la Comunidad
Autónoma de Madrid (cuyo gobierno, al igual que el del Estado,
era del Partido Popular)
Concretamente, en el caso de Baleares, la regla de
modulación supuso una detracción de recursos sobre los
inicialmente obtenidos de 114,87 millones de euros (unos 19.111
millones de pesetas), superior incluso a la que sufrió
Cataluña, aunque en términos relativos inferior a la que
registró Madrid (67,52% frente a 72,32%)4