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Sobre el papel económico del
sector público autonómico
José Antonio Roselló Rausell
 
LA ECONOMÍA BALEAR
El papel de las Comunidades Autónomas ha ido cambiando sensiblemente desde la instauración del Estado  Autonómico en España. La concepción inicial que sobre ellas se tenía, hacía que sus cometidos fundamentales fuesen los relativos a la simple, pero no menos importante, “prestación de servicios”. Básicamente, la idea que existía era la de acercar la administración al administrado, de tal manera que se pensó que la cercanía de las administraciones era positiva por sí misma.
Es verdad, sin embargo, que la Constitución española tenía en su seno una inspiración federal –como tantas veces se encargó de recordar el ex Conseller Forcades-, lo cual hizo que con el devenir de los años la influencia de los parlamentos y gobiernos autonómicos fuese cada vez más relevante, forzando a veces el marco competencial, y atendiendo con ello un amplio espectro de las cuestiones públicas, hasta encontrarnos con la situación actual.
De hecho, esta concepción de prestadora de servicios, ha tenido su culminación en los años recientes con la atribución por parte del Estado a las Comunidades Autónomas –y con el consentimiento de éstas-  de las competencias que son inherentes al llamado Estado del Bienestar. Así, educación, sanidad y servicios sociales.  O, dicho de otra manera, al margen de educación, las autonomías han asumido competencias del ámbito de la Seguridad Social, lo que desde finales de los años noventa, que es cuando se inicia el proceso, ha constituido un profundo cambio cualitativo en la configuración del Estado español, entendido en sentido amplio.
Una prueba palpable de esta situación la ha dado, de manera colateral, el nuevo Estatuto Autonomía de Cataluña, al establecer que, en el terreno de la financiación, el ejercicio del principio de solidaridad con las demás comunidades autónomas se centrará precisamente en estas materias (educación, sanidad, servicios sociales). El Estatuto balear también contiene una previsión similar.
Como elemento añadido al anterior, hay que destacar que la intervención de los gobiernos autonómicos está teniendo una importancia creciente en las llamadas cuestiones relativas a la economía. En este sentido, la Constitución española, aunque mantiene esencialmente la economía en manos del Estado, no se opone a que las autonomías puedan realizar acciones económicas cada vez más intensas, como en la práctica está sucediendo y así reconocen los Estatutos. Tal es el caso de la autonomía balear.
La clave de la intervención económica, considerada desde la óptica particular  de la autonomía balear, es la siguiente: Desde hace tiempo, estamos asistiendo a la constatación cada vez más clara de que el mundo está cambiando sensiblemente. El cambio está siendo tan profundo que se puede incluso hablar de un cambio de época.  Esto hace que las bases de la economía balear se estén viendo sensiblemente afectadas.
Como resultado de estos fenómenos, nuestra Comunidad Autónoma ha asumido en la práctica, sobre todo desde la segunda mitad de los años ochenta, funciones de intervención económica. No obstante, debe matizarse que de acuerdo con las concepciones imperantes, así como con el marco legal existente y las posibilidades reales de financiación, estas intervenciones se han realizado desde lo que en la teoría económica se conoce como el “lado de la oferta”.
Es necesario recordar que, desde una óptica sectorial, los ámbitos esenciales donde se juega el futuro de la economía de Baleares, su competitividad y su posicionamiento tanto en el conjunto de la economía española, como la economía europea y la economía internacional, son básicamente tres: En primer lugar, el turismo, con carácter obviamente prioritario, e incluyendo en el mismo las cuestiones relativas al territorio y las del medio ambiente. En segundo lugar, la industria, que tiene una clara tradición en el territorio balear, que presenta todavía potencialidades, pero que está inmersa en un profundo e incierto proceso de ajuste estructural y de adaptación a las nuevas circunstancias. Por último, pero no menos importante, la inserción efectiva de nuestra economía en la llamada sociedad del conocimiento, que está llamada a tener un efecto horizontal positivo en el conjunto de la actividad económica y la sociedad.
Como puede advertirse, se trata de ámbitos cada uno de ellos con características específicas, cuya dinámica externa perturba la estabilidad de nuestra economía, que tienen derivaciones importantes (como es el caso de la cuestión del capital humano) y que están suponiendo reestructuraciones, tanto en el marco general de la economía, como en el interno de las empresas, de no pequeño relieve.
Dicho de otro modo, todo este conjunto de factores conforma un nuevo escenario en el que las bases económicas de las Islas Baleares necesitan de una redefinición y adaptación permanente a las nuevas circunstancias. Por cierto, que hay que matizar que en no pocas ocasiones, no se trata tanto de la obsesión por crecer, como de mantener y asegurar una posición competitiva.
Es por ello, que desde la óptica de la acción pública, esto conduce a una gestión de las cuestiones económicas donde lo relevante es favorecer la capacidad de ajuste y adaptación del conjunto de la estructura económica, y donde prima más el aumento de la productividad y la competitividad que el de la capacidad de producción.
Así se explica que en este contexto de “cambio del mundo” es donde el sector público autonómico debe ejercer un papel de primera magnitud. Este papel consiste, en primer lugar, en el desarrollo de una capacidad de liderazgo en donde el sector público, en coordinación con los agentes sociales y las entidades representativas de la sociedad civil, se convierta en el faro o guía de identificación de las nuevas tendencias y de las realidades emergentes. Esta capacidad de liderazgo parece cada vez más necesaria. Al mismo tiempo, el liderazgo debe ir acompañado de la realización de una serie de funciones y políticas propias del ámbito autonómico (ya sean políticas propias o en coordinación estrecha con el Estado) que deben ir acompañadas de la consiguiente dotación de recursos, pues en este nuevo contexto la dotación de capital (público y humano), o el apoyo a las adaptaciones, también está pasando a ser un factor determinante.
Estas funciones y políticas, que abarcan cuestiones tales como el apoyo hacia la actividad empresarial; dentro del mismo, el apoyo singularizado hacia las PYMES; o las políticas hacia el medioambiente o hacia las infraestructuras son, por tanto, el fruto de la evolución de la economía y la sociedad. En el caso de las Islas Baleares son, además, el exponente de una necesidad particular acuciante, que no es otra que la de hacer frente al retraso de modernización que en algunos aspectos esenciales presenta nuestra estructura económica.
Conviene advertir que propugnar un papel esencial para el sector público no debe ser malinterpretado ni mal dirigido. Concretamente, la iniciativa privada debe desempeñar su tradicional y decisivo impulso en el desarrollo económico, como siempre así ha sido desde los albores del desarrollo balear en los siglos XIX y XX. Por tanto, sería ridícula cualquier pretensión de sustituirla. Lo que sucede es que los cambios están siendo tan acusados, y según cierta perspectiva, tan inesperados, que es difícil pensar que se pueda reproducir el esquema de un protagonismo casi exclusivo de la iniciativa privada coincidiendo con un perfil bajo de la actividad pública. Comportarse así sería un error notable y de consecuencias nefastas.
Al contrario, hoy más que en el pasado, el sector público y la sociedad civil se necesitan mutuamente y juntos deben realizar la difícil travesía de la adaptación y el ajuste de nuestra economía.