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EL DESCONOCIDO VINO DE NUESTRAS ISLAS
Cada vez se aprecia más dentro y fuera del archipiélago
El esfuerzo de unos cuantos ha hecho posible, para sorpresa de muchos, que la producción vinícola balear comience a tenerse en cuenta en términos de calidad.
Nuestra cultura es inseparable del cultivo de la vid y de la elaboración y consumo del vino. Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (M.A.P.A.),  España posee una extensión de 1.140.000 hectáreas, la mayor del mundo, dedicando una tercera parte a la producción de vino de calidad. Se exportan al año diez millones de hectolitros.

En Las Islas Baleares son los romanos los que inician a sus habitantes en el cultivo de la viña y sólo 100 años después, Cayo Plinio, en el capítulo XIV de su “Historia Natural” escribe: “Los viñedos Lacetanos en Hispania son famosos por el mucho vino que de ellos se obtiene, pero los Tarraconenses y Lauronenses lo son por su finura, así como los Baleáricos se comparan con los mejores de Italia”. Menciona el romano la zona mediterránea donde hoy, muchas de sus comarcas, reivindican lo suyo: Cataluña, ya consagrada, El Altiplano Levantino, en proceso de mejora de calidad y recuperación de sus uvas y, por supuesto, las Baleares.
                                     
LOS CICLOS DE LA HISTORIA
   
Desde la llegada de los romanos  han pasado más de 2.100 años. En estos dos milenios, el vino balear ha pasado por temporadas espléndidas, ha sufrido altibajos importantes y ha conocido también largas épocas de letargo. Es durante la ocupación  romana cuando se le concede gran valor y disfruta de una muy buena fama, como nos recuerda líneas arriba el que fuera Procurador del Imperio Romano en España. En el año 903 el emirato de Córdoba conquista Mallorca y el consumo del vino queda limitado por las prohibiciones coránicas, aunque la vid se sigue produciendo e incluso mejorando su sistema de cultivo gracias a los sofisticados sistemas de regadío importados durante el largo período de dominación árabe.

En 1.229 Jaime I integra Mallorca a la corona aragonesa, acabando todo tipo de prohibición que limitara el consumo del vino; muy al contrario, las cortes de Aragón, y también las de Castilla, conceden una serie de licencias para fomentar el cultivo de la vid. Esto hace que se fomente la plantación de viñedos en Campos, Felanitx, Manacor y Porreres; así como en  Bunyola y Valldemossa. Se observa entonces una cierta prosperidad para el vino mallorquín y sobre todo una relativa regularidad en la producción vitivinícola hasta principios del siglo XVII, cuando ya la importación de vinos es claramente más rentable que la propia producción. Las consecuencias se traducen en una reducción de viñedos que la corona cosigue paliar con una medida tan proteccionista como efectiva: exención de 20 años de impuestos para aquellos que recuperasen las viñas. Los apenas 88.000 hectolitros de 1.777  se transforman en  más de 335.000 a principios del siglo XIX.

LAS PLAGAS

El pulgón y  el oidio disminuyen, a mediados del XIX, el área de cultivo a unas 15.500 hectáreas. Sin embargo, la filoxera extendida entre los viñedos galos, catapulta la viña balear a su  máximo de expansión, explotación y comercialización. Durante casi treinta años, de 1.862 a 1.891, se realizan líneas regulares de exportación de vinos, mostos y uvas, desde Palma y  Porto Colom hasta el puerto francés de Marsella. En 1890 hay 30.000 hectáreas de viñedo, lo que significa que en apenas un siglo, la cantidad se ha duplicado generosamente.. El cultivo se extiende incluso a Menorca y llegan a producirse un total de 750.000 hectolitros de vino.

Pero es bien cierto que a  veces uno muere de éxito, y del mismo modo que de nuestros puertos salía el vino, entró la filoxera, y desde Algaida se extendería por todas las islas como lo que es, una plaga. De las 30.000 hectáreas mencionadas, apenas quedaron 2.000 y de los 50 millones de litros exportados, tan sólo llega a producirse un 5% que se utiliza únicamente para consumo interno. La agricultura vitivinícola no volvería a reponerse.

La tímida recuperación de principios de siglo se ve truncada por la guerra civil. La llegada del turismo no alegra el estado del sector, y aunque se envasa vino atendiendo a las peticiones del visitante que prefiere vino de la tierra, es vino a granel importado desde la península, donde los precios, otra vez, son más competitivos.

Un paso hacia delante

Los criterios de cultivo, elaboración y envejecimiento de la variedad autóctona son los mismos en toda la cuenca mediterránea, muy determinados por el cálido clima. Sólo con la renovación tecnológica introducida por algunos jóvenes y los conocimientos de distribución y comercialización  propuestos por otros tantos, se ha prestado interés a las variedades de uva autóctona, con refuerzo, eso si,  de uva importada; se han aplicado  mejoras en el proceso de maduración al sol en clima mediterráneo y en la reducción del tiempo de crianza en barrica; se ha mostrado interés en conseguir categorías como la de Denominación de Origen o la de Vino de la Tierra; interés también en el etiquetado como producto español y producto balear; interés en el diseño de las  botellas y  etiquetas.....

En definitiva, se tienen en cuenta una serie de aspectos que pretenden del vino balear competitividad y calidad al más alto nivel para poder hacer frente a los inconvenientes que derivan de la reducida cantidad de producción permitida por los órganos reguladores competentes de la Unión Europea.

DENOMINACIÓN DE ORIGEN Y VINO DE LA TIERRA
                                                   
El desarrollo de la calidad del vino viene de la mano de las cepas autóctonas Callet y Mantonegro, las más destacadas dentro del cultivo balear. Las nuevas tecnologías han permitido la mejora del tratamiento y los procesos de producción e incluso la  elaboración del nada tradicional vino blanco, a demanda de “nuestros” alemanes residentes y visitantes. Incluso podemos hablar de un blanco espumoso de las bodegas Mesquida que se ha presentado en el mercado sin complejo alguno como cava mallorquín.

Mallorca concentra la mayor producción de vino elaborado en las islas. Dos son las zonas que, hasta ahora, han conseguido ser reconocidas para designar sus vinos con Denominación de Origen ( D. O), aunque muchos de los vinos baleares de estas áreas y de otras tantas, son reconocidos como Vino de la Tierra, concepto regulado también por ley.  Para conseguir ser incluido en cualquiera de las categorías, han de cumplirse una serie de requisitos, específicos de cada una de ellas,  de carácter medioambiental , de cultivo,  se precisa pertenecer a una zona geográfica reconocida por la administración, etc... Muchos expertos señalan que la categoría Vinos de la tierra, incluye, actualmente, los mejores vinos de producción autóctona.

Las primera que consiguió la Denominación de Origen fue D.O. Binissalem  Mallorca. Situada en el centro de la isla  comprende los pueblos de Santa Maria del Camí, Binissalem, Sencelles, Consell y Santa Eugenia. La zon está protegida por la sierra de Tramuntana y los viñedos se sitúan en altitudes desde los  75 hasta los 200 metros sobre el nivel del mar.

Sus vino con derecho a D.O tintos tienen que utilizar en su elaboración un 50% de uva Mantonegro, aunque también incluye el Calle, entre otras. Además se le limita al 30% las variedades Cabernet Sauvignon , Syrah y Merlot. A los blancos se les exige un 70% de las variedades Moll y Moscatel.

LA D.O. Pla y Llevant está ubicada en el centro-este de Mallorca. La conforman los municipios de Algaida, Ariany,  Artá, Campos, Capdepera, Felanitx, Lluchmajor, Manacor, María de la Salut, Mountuïri, Muro, Petra, Porreres, Sant Joan, Sant Llorenç de Cardassar, Santa Margalida, Sineu y Vilafranca de Bonany. Sus terrenos se encuentran cercanos al mar, lo que influye de modo importante en el cultivo de sus vides.

Se le exige una cantidad de variedades tintas y blancas párale derecho de uso de esta D.O , entre las que incluyen las autóctonas tintas Mantonegro y Callet .    

VI DE LA TERRA DE EIVISSA. Esta indicación geográfica se utiliza para designar vinos tradicionales de la isla de Ibiza. Lo mismo ocurre con  las indicaciones  VI DE LA TERRA DE MENORCA y VI DE LA TERRA ILLES BALEARES. En este último caso se trata de vino producido en el área formado por todas las islas del archipiélago.

También mencionar VI DE LA SERRA DE TRAMUNTANA COSTA NORD, que da nombre a los blancos y tintos producidos con uva de esta zona que incluye 18 municipios al noroeste de Mallorca, entre Formentor y Andratx.

Las enfermedades que asolaron los viñedos y la falta de fe y confianza en la elaboración y comercialización de los propios vinos, siempre dieron por ganador al vino importado. Poco sabemos los de aquí del vino de aquí: Apenas una ligera idea de las zonas o bodegas más conocidas, algo sobre la Denominación de Origen... y la mayoría opina, equivocadamente, que nuestro vino no se encuentra a la altura de lo que debe ser un buen vino.

Contadas son las excepciones que luchan por el vino de uva balear. Algunos apellidos como los Ferrer, Ribas, Oliver –los de Algaida y los de Petra-, Nadal, Calafat, Galmés, Mesquida, Reus, Gelabert...Últimamente alguna nueva bodega de propietario alemán se ha unido a la aventura en Alaró y Pollença...Incluso se pretende crear una bodega con 15 hectáreas de viñedo en pequeña isla de Formentera...Todos ellos luchan por colocar el vino mallorquín en el lugar que merece.  
Por Maria Bannatyne
LA ECONOMÍA BALEAR