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Avanzar por un camino
trillado y ya fracasado
Jordi Sevilla, ministro de Administraciones Públicas

El primer edil de Algaida, Jaume Jaume (PSOE), ha instado al gobierno
central a revisar la Ley de Haciendas Locales para que los ayuntamientos
puedan tener más ingresos y realizar inversiones, sin tener que ejercer una
presión fiscal sobre los ciudadanos, mediante la subida de impuestos o la
aplicación, en casos puntuales, de contribuciones especiales. Ha tenido que
ser un político socialista quien saque los colores al gobierno central por
mantener una financiación de los ayuntamientos inadecuada que a veces les obligan a buscar ingresos favoreciendo la construcción. La llamada de atención va muy dirigida a Jordi Sevilla Segura, ministro de
Administraciones Públicas.
Pedro Solbes

La patronal de las grandes constructoras, Seopan, prevé que el sector registre este año un crecimiento de la actividad entre el 4 y el 5%, lo que supondría una desaceleración respecto al año pasado, en el que la producción aumentó un 6%. Es preocupante que los ministerios económico, que controla el vicepresidente Pedro Solbres, no fomenten que el sector mantenga o eleve sus crecimientos anuales, ya que, es, junto con el turismo, la principal fuente de riqueza del país.
Joan Flaquer, consejero de Turismo del Govern

El grado de ocupación medio más alto en los establecimientos dedicados alturismo rural en enero lo registró Canarias, con un promedio del 27,09 por ciento, seguido de Baleares, que logró un índice del 16,33 por ciento. La temporada baja es cada vez menos baja, gracias al sector privado y a las
instituciones, entre ellas, a la consejería de Turismo, que preside Joan Flaquer.
En general, el mes de enero continúa siendo el peor para el turismo rural,
como lo demuestran las cifras ofrecidas por el Instituto Nacional de
Estadística, ya que la ocupación media fue del 9,13 por ciento, casi un
punto menos que en el mes de enero del pasado año cuando ascendió al 9,99
por ciento.
Sebastián Barceló, presidente de la Fundación Barceló.

La fundación aportará una subvención económica de 230.906 euros para
financiar un proyecto de investigación que desarrollan en la actualidad
científicos de la Fundació Caubet-Cimera Illes Balears, dirigido a
investigar la incidencia de la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica
(EPOC) entre la población balear. Así quedó recogido en el convenio de
colaboración suscrito el lunes 5 entre el president del Govern, Jaume Matas,
en representación de la Fundació Caubet-Cimera, y el presidente de la
Fundación Barceló.
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OPINIÓN
SUBEN
BAJAN
Por Joan Fuster Lareu
LA ECONOMÍA BALEAR
Velázquez (1599-1660) y Descartes (1596-1650) fueron coetáneos. De esta guisa, Ortega y Gasset consigue el efecto de un  choque intelectual intuyendo que la inmensa mayoría de sus lectores, bien por ignorancia, bien sabiéndolo, no han caído en el hecho. Un choque intelectual producto de pensar que nuestro español vivió en el siglo XVI, mientras que sí, Descartes, lo hizo en pleno siglo XVII, cuando la razón, las nuevas ciencias físicas, químicas, de la construcción y matemáticas imperaban en países desarrollados como Francia, Inglaterra, Suecia... Por un extraño designio y por un catolicismo mal entendido, Felipe II cerró la posibilidad de acudir a los estudiantes españoles a las universidades extranjeras. Estaba en la creencia de que aquí, con Salamanca a la cabeza,  teníamos lo mejor del mundo. Una cerrazón que costó muy cara. Otros cuatro hechos coadyuvaron a que España no pudiera avanzar por el camino liberalizador que supone la Ciencia. Una brutal Inquisición persiguió cualquier disonancia que se creyera heterodoxa. Además, con su omnímodo poder traspasó los límites religiosos con persecuciones espurias. En segundo lugar, el oro de América. Más que río fue peligrosa torrentera que permitía vivir tan ricamente a unos pocos, sin que casi nada se produjera en España de lo que aquí se consumía. Quienes  nos proveían de mercancías se enriquecieron y fortalecieron sus economías. En tercer lugar, una agricultura de pastoreo  protegida por el Honrado Consejo de la Mesta, que organizada en 1273 perdura hasta 1836, nada menos. En cuarto lugar,  y no se le ha otorgado la atención histórica que se merece, la sangría humana de la primera emigración hacia América formada por elementos díscolos, ambiciosos y por más de un segundón. De haber permanecido en España hubieran tenido que ser, forzosamente, fermento de revuelta y avance social.

Así las cosas, no es de extrañar la primera derrota de nuestros Tercios, hasta entonces invencibles, precisamente a manos de los franceses. Siguieron otras más. Rocroi (1643) es la victoria del Gran Condé. La película Alatriste la escenifica de forma admirable.  Contrasta el pobre armamento español frente al esplendoroso y moderno francés. Nuestras tropas rechazaron con orgullo, la rendición honrosa que les brindó el Príncipe. Había pasado el tiempo, que duró casi dos siglos, de nuestros grandes capitanes, cuya sola mención aterrorizaba, como sucedía con el Duque de Alba.

Francia recoge la antorcha de la avanzada, mediados el siglo XVII, junto con Inglaterra. En el siglo XIX lo chic era hablar francés e intercalar palabras francesas en la conversación cotidiana. Un ejemplo lo tenemos en la obra del ruso Tolstoi, Guerra y Paz.

Pasadas las dos Guerras Mundiales, que yo acostumbro a  denominar como Guerras Civiles Europeas, Europa entra en una amplia fase de distensión, de borrón y cuenta nueva, de integración territorial y cohesión social. El Tratado de Roma de 25 de marzo de 1957 culmina, de momento, en la actual Europa de los 27.

Las próximas elecciones francesas tienen una importancia capital, no tan sólo para Francia, sino para toda la UE. Y de modo muy especial para España por cuanto Francia es nuestro segundo proveedor y su primer cliente.

Ségolène Royal y Sarkozy presentan dos alternativas igualmente válidas para el electorado francés, de ahí el empate entre los dos  candidatos en las encuestas de opinión. Tendrá que ser, posiblemente, más el 6 de mayo, en segunda vuelta,  que el 22 de abril cuando se baje la pelota del tejado.

El profesor Velarde, en su habitual artículo de los lunes en ABC (26-2-2007), critica agriamente la política económica de Royal, recogiendo palabras de Jurgen Pedersen, escribe respecto a la desacertada política de León Blum, del Frente Popular Francés de 1936: “ prometió simultáneamente a su pueblo mayores salarios, tipos de cambio fijos, un menor coste de la vida y una disminución del paro. Francia no hubiese sufrido el caos que provocó el ensayo de llevar a cabo tal programa” (He modificado parcialmente las palabras, sin quitar sustancia). “Ahora eso es, de nuevo, lo que se contiene en el programa socialista de Ségolène Royal. Existe un agravante: agrega un conjunto de promesas que provocarán por fuerza un colosal aumento del gasto público, incluida la revalorización de las pensiones, junto con la promesa de que ningún joven esté desocupado y la jornada de 35 horas, dentro de una UE que castiga con deslocalizaciones los aumentos de salarios”.
Los nuevos experimentos con gaseosa y, sobre todo, si son viejos, trillados y fracasados. Fracasó Mitterand en su primera etapa de gobierno hasta el punto de que,  con indicadores económicos calenturientos en la mano, su primer ministro le dijo que era el Borodino (1812), batalla rusa que deshizo el ejercito francés invasor. Felipe González, recordando la quema de las barbas de su homólogo francés,  tuvo la precaución de no meterse en berenjenal alguno, aconsejado por los ministros Boyer, Solchaga y Solbes (discípulos y amigos del prestigioso profesor Rojo). Calificar de “gran perverso” al mercado, como ha dicho Royal, es, por sí solo, ya un enorme disparate que la descalifica  para gobernar Francia.