En efecto, desde la óptica de la
economía, un elemento esencial para su buena marcha es el
constituido por el marco institucional. Ante todo, ¿qué
es lo que debe entenderse bajo este concepto?
Si nos referimos al ámbito
autonómico, en primer lugar, bajo la expresión marco
institucional se entiende el conjunto de las Instituciones existentes
propiamente dichas, pero no consideradas en sí mismas, sino en
cuanto a sus modos de buena o deficiente organización e
incidencia en el mundo económico. Se refiere, por tanto, con
especial énfasis, al Govern de la Comunidad Autónoma (su
organización y sus competencias), pero también a los
Consells e incluso a los municipios. Como es sabido, los Consells poco
a poco van asumiendo materias económicas, más bien de
índole sectorial, directa o indirecta. Los municipios,
dependiendo de una serie de factores (demografía,
localización) también tienen determinada incidencia
directa en la economía. Con carácter singular, hay que
citar el Ayuntamiento de Palma, que en virtud de la Ley de Capitalidad
ha empezado a entrar en esta dinámica aún con más
fuerza.
Igualmente, dentro del marco institucional hay que
referirse a las entidades públicas o cuasi-públicas que
tienen incidencia o vertebran de algún modo el mundo
económico (caso de las Cámaras de Comercio,), o
también a la estructuración del poder judicial.
Sin embargo, dentro de la concepción del
marco institucional, siempre desde la óptica de la
economía, hay un algo más, que es lo que da relevancia al papel de las
Instituciones antes citadas. Este algo más está
constituido por el marco regulador (disponer de una legislación
y normativa general que facilite, en vez de entorpecer, la actividad
económica; también legislaciones con incidencia en la
economía, como el sistema educativo; etc.); asimismo, son un
elemento determinante los enfoques básicos de la
dirección de la economía desde estas Instituciones
públicas, en nuestro caso, con especial incidencia hay que
destacar el papel del Gobierno de la Comunidad Autónoma1. Por
último, pero no menos relevante, la capacidad de
organización y disciplina interna del Gobierno de la Comunidad
Autónoma; en este sentido, adquiere sustantividad propia el
papel y la capacidad de liderazgo del Jefe de Gobierno, tanto si se
considera de puertas adentro, como de puertas afuera.
Este último es un aspecto crucial de la
cuestión y en Baleares tuvimos ocasión de verlo durante
el periodo 1999-2003, bajo el Gobierno del Pacto de Progreso, que
reunió una coalición en minoría de cuatro partidos
de izquierda (PSOE, PSM, EU, Verds), en realidad muy diferentes cuando
no enfrentados entre sí, con apoyo externo en el Parlamento del
partido nacionalista Unión Mallorquina. Si se sintetizan los
recuerdos básicos de aquel periodo, tres son los elementos a
señalar: a) el Jefe de Gobierno no quiso, no pudo o no supo
ejercer de verdadero Jefe de Gobierno; bastante trabajo tuvo con
intervenir en el apaciguamiento interno; b) en consecuencia, el
Gobierno estuvo constituido por compartimentos estancos; c) se produjo
un increíble e insólito enfrentamiento con sectores
económicos, que el Jefe de Gobierno tampoco pudo o quiso
detener. A partir de ahí, la economía se resintió
y, en un contexto de perturbaciones externas, se atizó
más el fuego de la tendencia al estancamiento y la
recesión a través de las perturbaciones internas.
Obsérvese que con estas apreciaciones no se está haciendo
un juicio histórico del ex Presidente Antich, pero sí que
se pone de relieve que la labor de un Jefe de Gobierno necesita
asentarse en un contexto de cierta homogeneidad gubernamental, incluso
si se trata de gobiernos de coalición.
En un sentido contrario, a tenor de los hechos hay
que referirse a la capacidad de liderazgo interno y externo que durante
esta legislatura 2003-2007 se ha mantenido por parte del Jefe de
Gobierno del Partido Popular. Sin este liderazgo, no se habría
podido culminar la eficiente acción de gobierno desarrollada
(aspecto interno), ni se habrían podido consensuar determinadas
políticas, tanto para la acción de Govern propiamente
dicha, como para la del ámbito municipal, por ejemplo, con el
Consell Insular de Mallorca (aspecto externo). En este sentido, el
Presidente Matas, al margen de otras consideraciones y análisis
que no son del caso aquí, puede considerarse satisfecho de haber
contribuido con su impronta personal a la solvencia del marco
institucional, al menos mientras ha gobernado2. De ahí ha
surgido el tema de la “confianza” de los agentes
económicos, que aunque denostado por no pocos observadores, ha
sido una realidad3.
Es obvio que a tenor de la aritmética
parlamentaria resultante del 27 de mayo, una hipótesis factible
de pacto es la que vendría de la mano de un acuerdo de
Unión Mallorquina (UM) con el bloque formado por el el PSIB-PSOE
y el llamado, valga la redundancia Bloc, agrupación formada por los partidos Esquerra
Unida, Verds, Partit Socialista de Mallorca (PSM), en su versión
radical después de su escisión, y Esquerra Republicana de
Catalunya4. Por tanto, este bloque está formado por 5 partidos de
izquierda, nuevamente de por sí dispares, como en 1999, y con
UM, que por cierto se define a sí misma como de centro liberal,
ya hablaríamos de 6 partidos. Por tanto, una “sopa de
letras” en el sentido periodístico, más bien
crítico, que se da siempre a esta expresión.
En este contexto, siempre desde la óptica
del marco institucional, en el sentido expuesto más arriba,
surgen algunas preguntas clave: ¿Qué programa se
aplicaría? ¿Un refrito de todos ellos? ¿Es
factible realmente tal refrito? ¿Está en condiciones el
PSIB-PSOE de imponer disciplina durante cuatro años a los suyos
propios y, sobre todo, a los demás partidos de izquierda? Los
resultados de la agrupación de estos, muy por debajo de sus
expectativas, ¿no es por el contrario la simiente de futuros
desmarques y conflictos?5
En este sentido, sin menoscabo de la natural
prudencia, hay que ser realistas: en un gobierno de estas
características es alta la probabilidad de disensos internos,
compartimentos estancos y desencuentros con los sectores
económicos y empresariales. Mirado desde este ángulo, no
es ninguna osadía pensar que el marco institucional se va a
empezar a descomponer y el impacto sobre la economía puede ser
acusado.
Precisamente, hay dos datos que como mínimo
resultan curiosos desde la perspectiva que aquí tratamos: El
propio jefe de filas del PSIB-PSOE se ha apresurado a ¡tranquilizar al mundo económico! (lo cual resulta insólito en una democracia moderna) y
a prometer que no habrá ¡reinos
de taifas! en el hipotético gobierno
de coalición. No es mal comienzo, pero no se puede negar que es
una presentación a la defensiva y sintomática de los
profundos recelos, que avalados por la experiencia, están
presentes.
Ante los desafíos económicos que
tiene Baleares, es de desear que quienes tienen las claves de la
estabilidad acierten en sus decisiones y con ello coadyuven a la mejor
solvencia del marco institucional. En otro caso, la economía, de
un modo u otro, se resentirá6.
1 La
cuestión de los enfoques de la política económica
tiene capital importancia. Conviene advertir que nos referimos a
enfoques básicos y por tanto no se trata de preferencias por una
u otra línea concreta de política económica, sino
de la existencia de un marco común de general aceptación.
Por ejemplo, aunque no es el tema de este artículo, para el caso
español está aceptada la importancia de la estabilidad
presupuestaria, que a su vez se encuadra en el Pacto de Estabilidad de
la Unión Europea. Hoy por hoy, la estabilidad presupuestaria es
un elemento central del marco institucional. Dentro de esta
concepción básica, puede darse, bien la estabilidad
“versión Aznar”, bien la estabilidad
“versión Solbes”. Otro elemento del marco
institucional, en este caso sin consenso en fundamento alguno, es la
tendencia a la intervención del Gobierno de la Nación
sobre los órganos reguladores y su incidencia en las estructuras
de las grandes empresas de los sectores básicos
españoles. Estos ejemplos (la estabilidad presupuestaria y la
intervención) ilustran adecuadamente el armazón
conceptual que se quiere trasladar en este artículo.
2 Cuestión
diferente es que en política, considerada desde la perspectiva
del gran público, la gestión lo sea todo. A tenor del
resultado electoral, muy bueno para el PP, pero insuficiente para
permitir formar mayoría parlamentaria por sí mismo,
está claro que la política requiere algo más.
3 Que la
confianza de los agentes económicos es un factor a tener en
cuenta es un hecho cierto. Ya Keynes se refirió a los animal spirits de los
empresarios. Tal vez ha sucedido que algunas manifestaciones han
empleado este asunto de manera unívoca y sin tener en cuenta la
complejidad de los condicionantes que inciden en la economía,
-entre ellos, naturalmente y en un lugar preponderante, el marco
institucional, pero no el único-, que hacen a esta (la
economía) una realidad que nunca es correcto simplificar. En
suma, ni el empleo de una visión de la economía balear,
basada en la confianza, ni la descalificación de esta realidad,
son caminos acertados.
4 El
autor de este artículo es un tanto escéptico
(objetivamente) en cuanto a la tesis de un gobierno de coalición
“a la alemana” (PP-PSOE), aunque en política nunca
nada debe ser descartado.
5 Un
ejemplo, a modo de aviso, sobre lo que se quiere decir es el anuncio
realizado por Esquerra Republicana de Catalunya de que se
incorpòrará al Grupo Mixto del Parlament Balear, en
contraposición a lo que había sido anunciado por el Bloc de que se crearía
un grupo homogéneo. Ya tenemos el primer desmarque. Ver la
noticia en Diari de Balears, de 1-6-2007.
6 Como
habrá podido advertirse, en este artículo no se mencionan
otras alternativas de gobierno (al margen del pacto a la alemana,
citado en una nota marginal anterior), por considerar que a priori que
estas otras alternativas no mencionadas ni analizadas, pueden
garantizar mejor la estabilidad y solvencia del marco institucional. En
este sentido, este no es tanto un artículo
“político” sino un artículo que recuerda
alguno de los requerimientos básicos para el buen desarrollo de
la actividad económica en las islas.