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Biel Barceló
El Bloc per Mallorca, liderado por Biel Barceló, ha anunciado que apostará fuerte en su programa electoral por la reconversión turística frente a lo que han denominado “la expansión desmesurada del turismo residencial”, a través de actuaciones planificadas evitando “cualquier factor especulativo y perjuicios en los derechos sociales y laborales en la comunidad autónoma". Barceló vuelve con viejas recetas.
Jesús Caldera
La pensión media de jubilación del sistema de Seguridad Social se situó en
677,84 euros en Baleares el pasado mes de febrero, un 11,6 por ciento menos
que el importe del conjunto del país (756,07 euros) y la cuarta más baja de
España, según datos difundidos hoy por el Ministerio de Trabajo y Asuntos
Sociales, que regenta Jesús Caldera.
Lluís Ramis de Ayreflor

El ‘portal del funcionario’, iniciativa que nació hace ya un año para
promover la administración digital entre los mismos, aumentará sus servicios
dado el éxito del proyecto, esperando beneficiar durante 2007 a un arco de
más de 21.500 personas que trabajan para las instituciones públicas. Esta
iniciativa fue promovida por la consejería de Economía y Hacienda, que
regenta Lluís Ramis de Ayreflor
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Vicente Grande

El presidente del R.C.D. Mallorca y del Grupo Drac, Vicente Grande, ha
comprado Can Oleza por 19 millones de euros. Sin duda, Grande sabrá sacar
provecho a su inversión, pero lo que es realmente importante para la
ciudadanía es que este espacio abandonado sea reformado y recuperado, aunque
una vez más sea la iniciativa privada la que desarrolle tan necesaria labor.
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OPINIÓN
SUBEN
BAJAN
Por Joan Fuster Lareu
LA ECONOMÍA BALEAR
Estos días Europa, la Unión Europea, se ha vestido de gala. Se trata de celebrar el cincuenta aniversario de su puesta de largo en Roma, el 25 de marzo de 1957. Una puesta de largo mucho más elegante que ésta,  su celebración de las bodas de oro. Impresiona, hoy todavía más, ver las fotografías  de la larga y representativa  mesa de los políticos que asistieron a la firma del Tratado de Roma. Hay un acentuado tono de elegancia en el conjunto de  todos y en cada uno de ellos. La vieja y cansada Europa, que ha enseñado elegancia al resto del mundo, con su elite política renovada de su cansancio y  rejuvenecida en sus ideas, firma un ambicioso Tratado. Renuncia del pasado belicista. Echa en olvido las dos guerras civiles europeas,  la del  catorce y la del treinta y nueve,  y se proclama pacifista y firme defensora de la paz. Elegancia y mucha  y sentida responsabilidad debido al momento crucial que se vivía, del puente que se cruzaba del ayer triste al mañana esperanzador. Y eran tan sólo seis los países signatarios: Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo. Un milagro político, donde los haya. Hacía menos de quince años habían depuesto las mortíferas armas de guerra, los bombardeos aéreos de Londres y de infinidad de ciudades abiertas, los campos de concentración, las persecuciones y los exilios, los fusilamientos, los trenes hacinados de prisioneros, las pulgas y los piojos. Se había puesto fin a los Cuatro Jinetes del Apocalipsis: el hambre, la guerra, la peste, la muerte.

Las mujeres  habían llevado el peso de la guerra en sus hogares. En fábricas, talleres, campos, labores domésticas, limpieza de escombros de  ciudades bombardeadas, conductoras  de automóviles, ambulancias y camiones. Cada día, temerosas y con el corazón en un puño, abrían el correo temiendo lo peor, muerte o heridas, de sus esposos, novios, hijos, hermanos. Las mujeres, digo,  habían tenido que salir a la calle porque se trataba de una guerra total que debía combatirse con recursos económicos totales para conseguir la victoria y con ella la paz. Finalizada la guerra, las mujeres  europeas ya no volvieron a ocuparse exclusivamente de las tareas domésticas. Habían tenido que salir a la calle y allí continuarían. Con los años habían aprendido y dominado un oficio,  habían estudiado y se habían graduado en escuelas de grado medio  y universidades.

Margaret Thacher, en sus memorias, “El camino hacia el poder”,  describe  magníficamente  ese cambio revolucionario. Un milagro de liberalización femenina. “El trabajo de la casa era más llevadero gracias  a los electrodomésticos y los repartos a domicilio cedieron el paso a una visita semanal al supermercado o a la galería comercial”. Llegaron  las neveras, los frigoríficos,   las lavadoras automáticas, las  cocinas a gas, los detergentes... Y el hecho sucedió tanto en Europa como en América. Llegados los hombres de los frentes de batalla se produjo el baby-boom de 1946 - 1947, lo que empujó a la economía hacia arriba durante más de 25 años, hasta que llegó la primera crisis del petróleo de 1973. Hubo que construir nuevas viviendas para los jóvenes matrimonios, mobiliario, cunas para los niños, ropas de cama y abrigo, coches utilitarios. Añade  Thacher: “La década de 1950 fue, de mil modos diferente...Se acabó el racionamiento. Los salarios comenzaron a subir. Los plátanos, las uvas y otras frutas que ni siquiera conocía, reaparecieron en las tiendas...Y la gente que siempre había pensado que jamás podría permitirse unas vacaciones en el extranjero, descubrió España”

Hará unos diez años que, frente a los escépticos europeos,  el profesor Velarde escribió un atinado artículo del que yo he tomado  el título. Era la marcha  lenta, pero segura, hacia delante, del elefante blanco europeo. Hoy la Unión Europea la forman 27 países con 494,6 millones de habitantes. Posee el euro,  una moneda  común para doce de ellos, sólida, más fuerte que el propio dólar. Vive en  paz y disfruta  unos altos niveles de  cohesión y solidaridad.  

La Declaración de Berlín, aprobada por los 27, siendo buena, hubiese podido ser excelente. A pesar de una  Merkel europeista, ilusionada y tenaz,  que ha intentado subir  el  bajo tono  de la celebración, no percibimos  la ilusión,  la  trascendencia y elegancia que transmitían las imágenes de aquel marzo romano de 1957. Los tiempos han cambiado. Y en el fondo  de toda esta nueva sociedad europea,  una  amplia y tupida red de jóvenes  se mueve  libremente por toda Europa, en  trabajos, estudios o  beneficiándose de  las becas  Erasmus,    conformando una nueva mentalidad y forjando un carácter europeo que, seguramente, no decepcionaría  a  los  padres fundadores o ideólogos: los Churchill, Gaspari, Schuman, Monnet,  Adenauer...