cabecera-ok.jpg
eu-flag.jpg
Europa, cincuenta años después
Hoy forman Europa 27 países miembros y cerca de 500 millones de personas
50 años después de la firma del Tratado de Roma nos acercamos al Centro Baleares Europa donde Fernando de Francisco hace balance de los logros de la Unión
Declaración de Berlín
“Durante siglos Europa ha sido una idea, una esperanza de paz y entendimiento. Esta esperanza se ha hecho realidad. La unificación europea nos ha procurado paz y bienestar, ha cimentado nuestra comunidad y superado nuestras contradicciones.
Cada miembro ha contribuido a unificar Europa y a fortalecer la democracia y el Estado de Derecho. Gracias al ansia de libertad de las gentes de Europa Central y Oriental, hoy se ha superado definitivamente la división artificial de Europa. Con la unificación europea hemos demostrado haber aprendido la lección de las confrontaciones sangrientas y de una historia llena de sufrimiento. Hoy vivimos juntos, de una manera que nunca fue posible en el pasado. Los ciudadanos y ciudadanas de la Unión Europea, para fortuna nuestra, estamos unidos.
Apartado I
En la Unión Europea estamos haciendo realidad nuestros ideales comunes; para nosotros el ser humano es el centro de todas las cosas. Su dignidad es sagrada. Sus derechos son inalienables. Mujeres y hombres tienen los mismos derechos. Nos esforzamos para alcanzar la paz y la libertad, la democracia y el Estado de Derecho, el respeto mutuo y la responsabilidad recíproca, el bienestar y la seguridad, la tolerancia y la participación, la Justicia y la solidaridad.
En la Unión Europea vivimos y actuamos juntos de manera singular, y esto se manifiesta en la convivencia democrática entre los Estados miembros y las instituciones europeas. La Unión Europea se funda en la igualdad de derechos y la convivencia solidaria. Así hacemos posible un equilibrio justo entre los intereses de distintos Estados miembros.
En la Unión Europea preservamos la identidad de los Estados miembros y la diversidad de sus tradiciones. Valoramos como una riqueza nuestras fronteras abiertas y la viva diversidad de nuestras lenguas, culturas y regiones. Hay muchas metas que no podemos alcanzar solos, pero sí juntos. Las tareas se reparten entre la Unión Europea, los Estados miembros, sus regiones y sus municipios.
Apartado II
Nos enfrentamos a grandes desafíos que no se detienen en las fronteras nacionales. La Unión Europea es nuestra respuesta a ellos. Sólo unidos podemos preservar en el futuro nuestro ideal europeo de sociedad, en beneficio de todos los ciudadanos y las ciudadanas de la Unión Europea.
Este modelo europeo aúna el éxito económico y la responsabilidad social. El mercado común y el euro nos hacen fuertes. Con ellos podemos amoldar a nuestros valores la creciente interdependencia mundial y la cada vez más intensa competencia que reina en los mercados internacionales. La riqueza de Europa se basa en el conocimiento y las capacidades de sus gentes; ésta es la clave del crecimiento, el empleo y la cohesión social.
Vamos a luchar juntos contra el terrorismo, la delincuencia organizada y la inmigración ilegal. Y lo haremos defendiendo las libertades y los derechos ciudadanos incluso en el combate contra sus enemigos. Nunca más debe dejarse una puerta abierta al racismo y a la xenofobia. Defendemos que los conflictos del mundo se resuelvan de forma pacífica y que los seres humanos no sean víctimas de la guerra, el terrorismo y la violencia.
La Unión Europea quiere promover en el mundo la libertad y el desarrollo. Queremos hacer retroceder la pobreza, el hambre y las enfermedades. Para ello vamos a seguir ejerciendo nuestro liderazgo. Queremos llevar juntos la iniciativa en política energética y protección del clima, aportando nuestra contribución para contrarrestar la amenaza mundial del cambio climático.
Apartado III
La Unión Europea se nutrirá también en el futuro de su apertura y de la voluntad de sus Estados miembros de consolidar, juntos y acompasadamente, el desarrollo interno de la Unión Europea. Ésta seguirá promoviendo también la democracia, la estabilidad y el bienestar allende sus fronteras.
Con la unificación europea se ha hecho realidad un sueño de generaciones anteriores. Nuestra historia nos reclama que preservemos esta ventura para las generaciones venideras. Para ello debemos seguir adaptando la estructura política de Europa a la evolución de los tiempos.
Henos aquí, por tanto, 50 años después de la firma de los Tratados de Roma, unidos en el empeño de dotar a la Unión Europea de fundamentos comunes renovados de aquí a las elecciones al Parlamento Europeo de 2009. Porque sabemos que Europa es nuestro futuro común”.
LA ECONOMÍA BALEAR
Marina M. Ballestero. Palma. La firma del Tratado de Roma el 25 de marzo de 1957 marcó un antes y un después en la historia de Europa. Desde entonces, han transcurrido cincuenta años de paz, de solidaridad entre los países miembros, de desarrollo económico, y hoy, Europa es una sola voz en el mundo y los intereses europeos se defienden en general. Además, funciona con éxito una moneda única fuerte; la defensa y el control de fronteras de la Unión son comunes, y los ciudadanos europeos gozan de libertad de circulación en el interior de la Unión, así como de una serie de derechos, a falta de la aprobación de la Constitución europea que los ampliará, estableciendo unas reglas del juego comunes. La Constitución contenía los principios relativos al reparto de competencias entre la Unión y los Estados miembros, así como las disposiciones institucionales básicas de la Unión. Además, incluía la Declaración de Derechos Fundamentales, tal y como fue proclamada en Niza en diciembre de 2000. La no aprobación del texto resultó un auténtico frenazo a la creación de la ‘Europa de los pueblos’.

En la actualidad la Unión suma ya 27 miembros y casi 500 millones de habitantes y son numerosos los países interesados en pasar a formar parte de este proyecto común, que ha demostrado ser un éxito. El problema es que las instituciones creadas en origen están bloqueadas, incapaces de gestionar una Unión de semejante volumen, y el Parlamento europeo no goza del poder de cualquier parlamento nacional ya que el proceso de aprobación de leyes es complicado y operan los bloqueos entre países. La Constitución habría sido la herramienta necesaria para desbloquear esta situación, ya que preveía un sistema de mayorías para la aprobación de las leyes –el 55% de población y el 60% de los estados-, evitando los vetos de países pequeños o que países grandes lleven la ‘voz cantante’. Por otra parte, la Declaración de Berlín firmada con motivo del 50º aniversario, ha quedado en una declaración de buenas intenciones, que ‘supo a poco’ a quienes creen en Europa como proyecto, ya que pospone todas las acciones a 2009, tras las elecciones al Parlamento europeo. La idea es que durante los próximos dos años, los países vayan alcanzando acuerdos que ayuden a desbloquear el proyecto de Constitución, que sería la única manera de gobernar la actual Unión Europea.

Unión económica
Atrás quedaron las buenas intenciones de la ‘Agenda de Lisboa’, que marcaba como objetivo principal que Europa fuese la economía más competitiva y más avanzada e innovadora del mundo en 2010. Esta Agenda se planteó en el año 2000, pero el hecho de que hoy las instituciones estén bloqueadas, hace difícil que se consiga el objetivo y lo que es peor, Europa va perdiendo el tren de la competitividad en beneficio de Estados Unidos y Japón, pero también de nuevos países como China o la India que están creciendo a una velocidad de entre el 9 y el 10% cada año. “Europa no puede permitirse el lujo de crecer al 2,5 o 3%”, afirma Fernando de Francisco, director gerente del Centro Baleares Europa, “debe crecer más y mejor y para eso es fundamental invertir en innovación”. “El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean Claude Trichet, ha comentado que como España no aumente su productividad rápidamente, perderá el tren, ya que a pesar de ser el país que más empleo genera de Europa en la actualidad, el aumento de su productividad es casi nulo y eso le resta posibilidades de cara a futuro”, añade. “Es necesario un mayor nivel de información para el empresario. Tiene que saber que para vender sus productos en el mundo tienen que ser competitivos e innovadores, y por supuesto hay que apostar por la formación”, reclama.

“La economía europea es muy sólida. Hemos pasado por un periodo de crisis muy fuerte porque Alemania ha estado baja y si locomotora no tira, el tren no avanza”, explica de Francisco. “Existen factores económicos que ayudan al crecimiento, como la inflación contenida en Europa, que apenas llega al 2%, lo que lleva a una contención de precios, hace que el euro sea fuerte y que los intereses sean bajos”, continúa. “Aunque en los últimos meses hemos visto aumentar los tipos de interés, los créditos siguen estando muy baratos y no van a aumentar mucho más”, asegura de Francisco.

Solidaridad
Por supuesto, los encargados de firmar el Tratado de Roma en 1957, que incluía el Tratado Constitutivo de la Comunidad Económica Europea (CEE) y el Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea de la Energía Atómica (Euratom), poco podían imaginar la repercusión de aquel acto. En el origen de la Unión estuvieron Alemania, Francia, Italia, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo. “Probablemente los padres de la patria europea no preveían el éxito de su iniciativa. Hablaban de liberalizar aranceles, pero no se les ocurrió que fuera a crecer tanto, ni que un ciudadano pudiera establecerse en cualquier país o circulara sin pasaporte, o que todos pagáramos en euros”, explica. “El éxito de la Unión significó que todos los países tuvieron que ceder parte de su soberanía y por aquel entonces aquello suponía un verdadero acto de generosidad, ya que se desconocía el futuro. Yo espero que generaciones futuras puedan ver y felicitarse por el cumplimiento de los 100 años del Tratado de Roma”, afirma de Francisco.

España fue uno de los países que dio el sí a la Constitución europea, pero en Francia se rechazó y fue definitivo. “España e Irlanda son los mejores ejemplos de solidaridad europea. En los últimos 20 años, España ha recibido de la Unión 118.000 millones de euros, que además ha sabido invertir muy bien. Cuando entramos en la CEE no llegábamos al 70% de la media del PIB europeo y hoy llegamos casi al 100%. Ahora nos toca ayudar a los nuevos países miembros a alcanzar los parámetros de convergencia que requiere Europa y a alcanzar el nivel de prosperidad de la Unión”, afirma de Francisco. “Europa es además el ‘país’ que más aporta a terceros países en vías de desarrollo, incluso duplica a Estados Unidos. Todos los ciudadanos europeos se han imbuido de ese sentimiento de solidaridad”, continúa. No en vano, son numerosos los países que quieren adherirse a la Unión. Los próximos en hacerlo serán Croacia y Serbia-Herzegovina, aunque todavía no hay fecha para su incorporación. “Cerca de 500 millones de clientes potenciales es una oportunidad para España y el resto de países, siendo Europa un mercado abierto. Lo de la deslocalización es un mito porque si las empresas españolas tuvieran que marcharse a producir a otro sitio, ¡se irían a Asia!”, afirma.

“Desde el punto de vista balear, también es interesante la incorporación de nuevos países. El 90% de nuestro turismo procede de Europa y los ciudadanos de estos países son turistas potenciales en cuanto su economía crezca”, asegura. “Por otra parte, desde el punto de vista de recibir ayudas directas, se van a recortar para toda España. Pero Baleares por estar por encima de la media europea, nunca ha recibido demasiados fondos de Europa, salvo para construir el aeropuerto de Palma y buena parte de las depuradores de los ayuntamientos del archipiélago”, añade. Baleares encarna como ninguna otra región la mezcla cultural que es Europa. Para la celebración de este 50 aniversario, el Centro Baleares Europa ha previsto toda una serie de actos que comenzaron el pasado 9 de febrero y finalizarán el 17 de octubre con una conferencia sobre Responsabilidad Social Corporativa. “La no aprobación de la Constitución creó muchos ‘euroescépticos’ tanto a nivel de los ciudadanos como de las propias instituciones, que piden que alguien tome las riendas de este gran proyecto. Por eso debemos dar a conocer qué es Europa”, reconoce de Francisco. “Debe volver a funcionar el eje franco-alemán que dio vida al proyecto, necesitamos líderes europeos”, reclama.

Mercado Laboral
Con el paso de los años ha quedado demostrado que Europa ha dejado de ser sólo un mercado único. Aunque la Constitución no fuera aprobada por todos los países, a futuro se deberá aprobar algún tipo de tratado que facilite las herramientas para gobernar al conjunto de estados que conforman la Unión y que ofrezcan a sus ciudadanos unos derechos comunes y eficaces.

Una de las preocupaciones que recoge la reciente Declaración de Berlín es la inmigración ilegal, donde Europa debe actuar de manera consensuada, así como en materia de seguridad y de lucha contra el terrorismo, protegiendo las fronteras comunes. El hecho de que la economía europea haya crecido a buen ritmo en los últimos 20 años, generando unos 12 millones de empleos -4,5 millones en España-, ha atraído a flujos migratorios de otras zonas del mundo más desfavorecidas. En la actualidad, la tasa de desempleo en España no llega al 8%, por lo que debemos ser capaces de gestionar esa inmigración que llega en masa y que es la asegurará las pensiones a futuro de una Europa que envejece.

Energía
Aunque el origen de la Unión europea estuvo relacionado con organizar los recursos energéticos, puesto que el Tratado de Roma da nombre no sólo al tratado constitutivo de la CEE, sino también al tratado constitutivo de la Comunidad Europea de la Energía Atómica (EURATOM), otra de las tareas pendientes de la ‘Vieja Europa’ sigue siendo paliar su dependencia energética. En este momento, Europa depende en un 80% del exterior en materia de energía y necesita apostar de forma unánime por energías alternativas que pueda generar en su territorio de manera eficiente y que sean menos agresivas con el medioambiente. Pero para concretar esa apuesta requiere de una voluntad firme de todos los países miembros, que deben pensar en el objetivo último de la competitividad.
El acero y el carbón fueron también motivo de preocupación para los padres de Europa. Al ser materias primas esenciales para la industria de los años cincuenta, varios países decidieron compartir recursos estratégicos de la mano de Robert Schuman, ministro francés del exterior de entonces, quien en 1950 invitó a Alemania, el antiguo enemigo, y luego a todos los países europeos interesados, a compartir parte de su soberanía como gesto de reconciliación y primera concretización de la idea europea. El objetivo económico del tratado era establecer un mercado común del carbón y del acero, para asegurar así la libre competencia en este sector, obtener precios más baratos y un abastecimiento sin interrupción. Fue durante la elaboración de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) cuando se inventaron las principales instituciones europeas actuales:
La Alta Autoridad, primer organismo supranacional, compuesta por nueve miembros, fue la precursora de la Comisión Europea
La Asamblea, compuesta por miembros designados por los parlamentos nacionales, fue la precursora del Parlamento Europeo
Un Consejo de Ministros, formado por ministros de los seis integrantes, antecedente del Consejo de la Unión Europea
Una Corte de Justicia supranacional, encargada de zanjar eventuales litigios, fue la precursora del Tribunal de Justicia de la Unión Europea.
Aunque el espíritu que dio nacimiento a la Unión permanece y debe permanecer, urge una revisión de las instituciones para conseguir que Europa alcance su objetivo último de ser una de las economías más competitivas del mundo y para ofrecer a sus ciudadanos derechos reales y una igualdad de oportunidades en el seno de la Unión.