Declaración de Berlín
“Durante siglos Europa ha sido una idea, una
esperanza de paz y entendimiento. Esta esperanza se ha hecho realidad. La unificación europea nos ha procurado paz y
bienestar, ha cimentado nuestra comunidad y
superado nuestras contradicciones.
Cada miembro ha contribuido a unificar Europa y a
fortalecer la democracia y el Estado de Derecho. Gracias al ansia de
libertad de las gentes de Europa Central y Oriental, hoy se ha superado definitivamente la división
artificial de Europa. Con la
unificación europea hemos demostrado haber aprendido la
lección de las confrontaciones sangrientas y de una historia
llena de sufrimiento. Hoy vivimos juntos, de una manera que nunca fue
posible en el pasado. Los ciudadanos y ciudadanas de la Unión
Europea, para fortuna nuestra, estamos unidos.
Apartado I
En la Unión Europea estamos haciendo
realidad nuestros ideales comunes; para nosotros el ser humano es el
centro de todas las cosas. Su dignidad es sagrada. Sus derechos son
inalienables. Mujeres y hombres tienen los
mismos derechos. Nos esforzamos para
alcanzar la paz y la libertad, la democracia y el Estado de Derecho, el
respeto mutuo y la responsabilidad recíproca, el bienestar y la
seguridad, la tolerancia y la participación, la Justicia y la
solidaridad.
En la Unión Europea vivimos y actuamos
juntos de manera singular, y esto se manifiesta en la convivencia democrática entre los Estados miembros
y las instituciones europeas. La
Unión Europea se funda en la igualdad de derechos y la
convivencia solidaria. Así hacemos posible un equilibrio justo
entre los intereses de distintos Estados miembros.
En la Unión Europea preservamos la identidad
de los Estados miembros y la diversidad de sus tradiciones. Valoramos
como una riqueza nuestras fronteras abiertas y la viva diversidad de nuestras lenguas, culturas y regiones. Hay muchas metas que no podemos alcanzar solos, pero
sí juntos. Las tareas se reparten entre la Unión Europea,
los Estados miembros, sus regiones y sus municipios.
Apartado II
Nos enfrentamos a grandes
desafíos que no se detienen en las fronteras nacionales. La Unión Europea es nuestra respuesta a ellos.
Sólo unidos podemos preservar en el futuro nuestro ideal europeo
de sociedad, en beneficio de todos los ciudadanos y las ciudadanas de
la Unión Europea.
Este modelo europeo aúna el éxito
económico y la responsabilidad social. El mercado común y el euro nos hacen fuertes. Con ellos podemos amoldar a nuestros valores la
creciente interdependencia mundial y la cada vez más intensa
competencia que reina en los mercados internacionales. La riqueza de
Europa se basa en el conocimiento y las capacidades de sus gentes;
ésta es la clave del crecimiento, el empleo y la cohesión
social.
Vamos a luchar juntos contra el terrorismo, la
delincuencia organizada y la inmigración ilegal. Y lo haremos
defendiendo las libertades y los derechos ciudadanos incluso en el
combate contra sus enemigos. Nunca más debe dejarse una puerta
abierta al racismo y a la xenofobia. Defendemos que los conflictos del mundo se resuelvan de forma pacífica y que los seres humanos no sean víctimas de
la guerra, el terrorismo y la violencia.
La Unión Europea quiere promover en el mundo
la libertad y el desarrollo. Queremos hacer retroceder la pobreza, el
hambre y las enfermedades. Para ello vamos a seguir ejerciendo nuestro
liderazgo. Queremos llevar juntos la iniciativa en política energética y protección del clima, aportando nuestra contribución para
contrarrestar la amenaza mundial del cambio climático.
Apartado III
La Unión Europea se nutrirá
también en el futuro de su apertura y de la voluntad de sus Estados miembros de
consolidar, juntos y acompasadamente, el desarrollo interno de la
Unión Europea. Ésta seguirá promoviendo
también la democracia, la estabilidad y el bienestar allende sus
fronteras.
Con la unificación europea se ha hecho
realidad un sueño de generaciones anteriores. Nuestra historia
nos reclama que preservemos esta ventura para las generaciones
venideras. Para ello debemos seguir adaptando
la estructura política de Europa a la evolución de los
tiempos.
Henos aquí, por tanto, 50 años
después de la firma de los Tratados de Roma, unidos en el
empeño de dotar a la Unión Europea de fundamentos comunes
renovados de aquí a las elecciones al Parlamento Europeo de
2009. Porque sabemos que Europa es nuestro
futuro común”.
Marina M. Ballestero. Palma. La firma del Tratado de Roma el 25 de marzo de 1957
marcó un antes y un después en la historia de Europa.
Desde entonces, han transcurrido cincuenta años de paz, de
solidaridad entre los países miembros, de desarrollo
económico, y hoy, Europa es una sola voz en el mundo y los
intereses europeos se defienden en general. Además, funciona con
éxito una moneda única fuerte; la defensa y el control de
fronteras de la Unión son comunes, y los ciudadanos europeos
gozan de libertad de circulación en el interior de la
Unión, así como de una serie de derechos, a falta de la
aprobación de la Constitución europea que los
ampliará, estableciendo unas reglas del juego comunes. La
Constitución contenía los principios relativos al reparto
de competencias entre la Unión y los Estados miembros,
así como las disposiciones institucionales básicas de la
Unión. Además, incluía la Declaración de
Derechos Fundamentales, tal y como fue proclamada en Niza en diciembre
de 2000. La no aprobación del texto resultó un
auténtico frenazo a la creación de la ‘Europa de
los pueblos’.
En la actualidad la Unión suma ya 27
miembros y casi 500 millones de habitantes y son numerosos los
países interesados en pasar a formar parte de este proyecto
común, que ha demostrado ser un éxito. El problema es que
las instituciones creadas en origen están bloqueadas, incapaces
de gestionar una Unión de semejante volumen, y el Parlamento
europeo no goza del poder de cualquier parlamento nacional ya que el
proceso de aprobación de leyes es complicado y operan los
bloqueos entre países. La Constitución habría sido
la herramienta necesaria para desbloquear esta situación, ya que
preveía un sistema de mayorías para la aprobación
de las leyes –el 55% de población y el 60% de los
estados-, evitando los vetos de países pequeños o que
países grandes lleven la ‘voz cantante’. Por otra
parte, la Declaración de Berlín firmada con motivo del
50º aniversario, ha quedado en una declaración de buenas
intenciones, que ‘supo a poco’ a quienes creen en Europa
como proyecto, ya que pospone todas las acciones a 2009, tras las
elecciones al Parlamento europeo. La idea es que durante los
próximos dos años, los países vayan alcanzando
acuerdos que ayuden a desbloquear el proyecto de Constitución,
que sería la única manera de gobernar la actual
Unión Europea.
Unión económica
Atrás quedaron las buenas intenciones de la
‘Agenda de Lisboa’, que marcaba como objetivo principal que
Europa fuese la economía más competitiva y más
avanzada e innovadora del mundo en 2010. Esta Agenda se planteó
en el año 2000, pero el hecho de que hoy las instituciones
estén bloqueadas, hace difícil que se consiga el objetivo
y lo que es peor, Europa va perdiendo el tren de la competitividad en
beneficio de Estados Unidos y Japón, pero también de
nuevos países como China o la India que están creciendo a
una velocidad de entre el 9 y el 10% cada año. “Europa no
puede permitirse el lujo de crecer al 2,5 o 3%”, afirma Fernando
de Francisco, director gerente del Centro Baleares Europa, “debe
crecer más y mejor y para eso es fundamental invertir en
innovación”. “El presidente del Banco Central
Europeo (BCE), Jean Claude Trichet, ha comentado que como España
no aumente su productividad rápidamente, perderá el tren,
ya que a pesar de ser el país que más empleo genera de
Europa en la actualidad, el aumento de su productividad es casi nulo y
eso le resta posibilidades de cara a futuro”, añade.
“Es necesario un mayor nivel de información para el
empresario. Tiene que saber que para vender sus productos en el mundo
tienen que ser competitivos e innovadores, y por supuesto hay que
apostar por la formación”, reclama.
“La economía europea es muy
sólida. Hemos pasado por un periodo de crisis muy fuerte porque
Alemania ha estado baja y si locomotora no tira, el tren no
avanza”, explica de Francisco. “Existen factores
económicos que ayudan al crecimiento, como la inflación
contenida en Europa, que apenas llega al 2%, lo que lleva a una
contención de precios, hace que el euro sea fuerte y que los
intereses sean bajos”, continúa. “Aunque en los
últimos meses hemos visto aumentar los tipos de interés,
los créditos siguen estando muy baratos y no van a aumentar
mucho más”, asegura de Francisco.
Solidaridad
Por supuesto, los encargados de firmar el Tratado
de Roma en 1957, que incluía el Tratado Constitutivo de la
Comunidad Económica Europea (CEE) y el Tratado Constitutivo de
la Comunidad Europea de la Energía Atómica (Euratom),
poco podían imaginar la repercusión de aquel acto. En el
origen de la Unión estuvieron Alemania, Francia, Italia,
Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo. “Probablemente
los padres de la patria europea no preveían el éxito de
su iniciativa. Hablaban de liberalizar aranceles, pero no se les
ocurrió que fuera a crecer tanto, ni que un ciudadano pudiera
establecerse en cualquier país o circulara sin pasaporte, o que
todos pagáramos en euros”, explica. “El éxito
de la Unión significó que todos los países
tuvieron que ceder parte de su soberanía y por aquel entonces
aquello suponía un verdadero acto de generosidad, ya que se
desconocía el futuro. Yo espero que generaciones futuras puedan
ver y felicitarse por el cumplimiento de los 100 años del
Tratado de Roma”, afirma de Francisco.
España fue uno de los países que dio
el sí a la Constitución europea, pero en Francia se
rechazó y fue definitivo. “España e Irlanda son los
mejores ejemplos de solidaridad europea. En los últimos 20
años, España ha recibido de la Unión 118.000
millones de euros, que además ha sabido invertir muy bien.
Cuando entramos en la CEE no llegábamos al 70% de la media del
PIB europeo y hoy llegamos casi al 100%. Ahora nos toca ayudar a los
nuevos países miembros a alcanzar los parámetros de
convergencia que requiere Europa y a alcanzar el nivel de prosperidad
de la Unión”, afirma de Francisco. “Europa es
además el ‘país’ que más aporta a
terceros países en vías de desarrollo, incluso duplica a
Estados Unidos. Todos los ciudadanos europeos se han imbuido de ese
sentimiento de solidaridad”, continúa. No en vano, son
numerosos los países que quieren adherirse a la Unión.
Los próximos en hacerlo serán Croacia y
Serbia-Herzegovina, aunque todavía no hay fecha para su
incorporación. “Cerca de 500 millones de clientes
potenciales es una oportunidad para España y el resto de
países, siendo Europa un mercado abierto. Lo de la
deslocalización es un mito porque si las empresas
españolas tuvieran que marcharse a producir a otro sitio,
¡se irían a Asia!”, afirma.
“Desde el punto de vista balear,
también es interesante la incorporación de nuevos
países. El 90% de nuestro turismo procede de Europa y los
ciudadanos de estos países son turistas potenciales en cuanto su
economía crezca”, asegura. “Por otra parte, desde el
punto de vista de recibir ayudas directas, se van a recortar para toda
España. Pero Baleares por estar por encima de la media europea,
nunca ha recibido demasiados fondos de Europa, salvo para construir el
aeropuerto de Palma y buena parte de las depuradores de los
ayuntamientos del archipiélago”, añade. Baleares
encarna como ninguna otra región la mezcla cultural que es
Europa. Para la celebración de este 50 aniversario, el Centro
Baleares Europa ha previsto toda una serie de actos que comenzaron el
pasado 9 de febrero y finalizarán el 17 de octubre con una
conferencia sobre Responsabilidad Social Corporativa. “La no
aprobación de la Constitución creó muchos
‘euroescépticos’ tanto a nivel de los ciudadanos
como de las propias instituciones, que piden que alguien tome las
riendas de este gran proyecto. Por eso debemos dar a conocer qué
es Europa”, reconoce de Francisco. “Debe volver a funcionar
el eje franco-alemán que dio vida al proyecto, necesitamos
líderes europeos”, reclama.
Mercado Laboral
Con el paso de los años ha quedado
demostrado que Europa ha dejado de ser sólo un mercado
único. Aunque la Constitución no fuera aprobada por todos
los países, a futuro se deberá aprobar algún tipo
de tratado que facilite las herramientas para gobernar al conjunto de
estados que conforman la Unión y que ofrezcan a sus ciudadanos
unos derechos comunes y eficaces.
Una de las preocupaciones que recoge la reciente
Declaración de Berlín es la inmigración ilegal,
donde Europa debe actuar de manera consensuada, así como en
materia de seguridad y de lucha contra el terrorismo, protegiendo las
fronteras comunes. El hecho de que la economía europea haya
crecido a buen ritmo en los últimos 20 años, generando
unos 12 millones de empleos -4,5 millones en España-, ha
atraído a flujos migratorios de otras zonas del mundo más
desfavorecidas. En la actualidad, la tasa de desempleo en España
no llega al 8%, por lo que debemos ser capaces de gestionar esa
inmigración que llega en masa y que es la asegurará las
pensiones a futuro de una Europa que envejece.
Energía
Aunque el origen de la Unión europea estuvo
relacionado con organizar los recursos energéticos, puesto que
el Tratado de Roma da nombre no sólo al tratado constitutivo de
la CEE, sino también al tratado constitutivo de la Comunidad
Europea de la Energía Atómica (EURATOM), otra de las
tareas pendientes de la ‘Vieja Europa’ sigue siendo paliar
su dependencia energética. En este momento, Europa depende en un
80% del exterior en materia de energía y necesita apostar de
forma unánime por energías alternativas que pueda generar
en su territorio de manera eficiente y que sean menos agresivas con el
medioambiente. Pero para concretar esa apuesta requiere de una voluntad
firme de todos los países miembros, que deben pensar en el
objetivo último de la competitividad.
El acero y el carbón fueron también
motivo de preocupación para los padres de Europa. Al ser
materias primas esenciales para la industria de los años cincuenta, varios
países decidieron compartir recursos estratégicos de la
mano de Robert Schuman, ministro francés del exterior de entonces, quien en
1950 invitó a Alemania, el antiguo enemigo, y luego a todos los
países europeos interesados, a compartir parte de su
soberanía como gesto de reconciliación y primera
concretización de la idea europea. El objetivo económico
del tratado era establecer un mercado común del carbón y
del acero, para asegurar así la libre competencia en este
sector, obtener precios más baratos y un abastecimiento sin
interrupción. Fue durante la elaboración de la Comunidad
Europea del Carbón y del Acero (CECA) cuando se inventaron las
principales instituciones europeas actuales:
La Alta Autoridad, primer organismo supranacional,
compuesta por nueve miembros, fue la precursora de la Comisión
Europea
La Asamblea, compuesta por miembros designados por
los parlamentos nacionales, fue la precursora del Parlamento Europeo
Un Consejo de Ministros, formado por ministros de
los seis integrantes, antecedente del Consejo de la Unión
Europea
Una Corte de Justicia supranacional, encargada de
zanjar eventuales litigios, fue la precursora del Tribunal de Justicia
de la Unión Europea.
Aunque el espíritu que dio nacimiento a la
Unión permanece y debe permanecer, urge una revisión de
las instituciones para conseguir que Europa alcance su objetivo
último de ser una de las economías más
competitivas del mundo y para ofrecer a sus ciudadanos derechos reales
y una igualdad de oportunidades en el seno de la Unión.