Según datos ofrecidos por la Oficina de la
Conferencia Episcopal, aproximadamente el 35% de los niños en
edad de comulgar lo hacen por primera vez este año. Gran parte
de los padres de estos niños se declaran no practicantes,
no creyentes e incluso ateos, pero son muy pocos los que deciden que
sus hijos no hagan la Primera Comunión. Algunos, los más
fieles a sus principios, evitan el acto sacramental (por otra parte,
única razón de ser de esta celebración), pero no
evitan el acontecimiento social y pasan directamente a la
organización de una fiesta en honor del niño. Sin
más. Es lo que se ha dado por llamar la “Primera
Comunión por lo civil”.
¿Cuánto vale este año una
Primera Comunión en Mallorca?
Antonio López, portavoz de la
Confederación Española de Consumidores y Usuarios (CECU)
asegura que en el 2007 el gasto será un 4% superior al del
año anterior. Señala también que el gasto en
el caso de las niñas es unos 300 euros superior al de los
niños.
La mayor parte de este gasto está
destinado al banquete. Este puede variar desde los 40€ por persona
en restaurantes acostumbrados a las grandes celebraciones, capaces de
ofrecer menús sencillos; hasta los 75€ por comensal de los
más selectos, como hemos comprobado en algunos de la zona
de Puerto Portals. Un catering de prestigio puede atender en el propio
domicilio cubriendo todas las necesidades del convite (mesas, sillas,
menaje, camareros..), además de servir un completo menú y
casi todas las bebidas, por unos 85 € persona. La
conclusión de estos datos supone que, de media, unos 50
invitados pueden llegar a costar 3.000 € aproximadamente.
Toni Sánchez Grao, del departamento de
relaciones externas de El Corte Inglés de Palma de Mallorca, nos
ayuda a contabilizar los gastos de vestuario. Este año se ha
notado ya un incremento nada menos que del 20% en las ventas de
trajes de Primera Comunión. “Esto se debe -nos dice
Sánchez Grao- al aumento de peticiones de vestidos para
niñas y al repunte de ventas tanto en trajes de lino como en los
más modernos para niños, en el marco de una
comunión menos tradicional”. Según los datos
facilitados por este mismo departamento, un traje de Primera
Comunión tradicional (marinero, almirante, piloto de
aviación-¿?-) cuesta entre 200 y 300 €, que en el
caso de las niñas puede llegar a superar los 400.
Si a estos datos le añadimos complementos,
zapatos, recordatorios... los gastos del vestuario y accesorios de un
niño pueden oscilar entre los 350 y 400 €; siempre hablando
de precios medios.
No podemos pasar por alto el inevitable
reportaje gráfico. Se nos ofrecen varias opciones. La más
cara, 260 € por el reportaje completo (video, fotos en
capilla exterior e incluso fotos de estudio). 50 € si se eligen
sólo cuatro fotos en el interior de la iglesia.
Se contratan payasos, magos, animadores...
Los invitados también tiene que hacer su
aportación al gasto: vestido para la ocasión y regalo
para el niño. Por supuesto existen listas de Primera
Comunión: videoconsolas, videojuegos y, atentos, ropa infantil
de marca, son los obsequios que más destacan en dichas listas.
Y la Iglesia ¿qué opina?
El padre Manolo Camon, catequista del colegio San
Cayetano de Palma, reconoce que, en muchos casos, a la
celebración del sacramento le sobrepasa la actitud consumista de
los progenitores. “De hecho, en el colegio -nos comenta- para
evitar agravios comparativos, se impone la túnica como
único atuendo posible si el alumno quiere recibir aquí la
Primera Comunión con sus compañeros. A pesar de ello, en
ocasiones nos encontramos casos como el de una madre que puso la
túnica a su hija sobre un traje convencional de Primera
Comunión, con su can-can y todo. Se quedó con el nombre
de “la niña campana”, eso es lo que
parecía”.
La revista CATEQUETICA publicó en 1991
un “Manifiesto sobre Primeras Comuniones”, elaborado por
agentes pastorales, catequistas y padres, denunciando “la
ostentación consumista y la competitividad en aras del prestigio
social” . Se criticaba también el “celebrar sin
comprender” y el “comulgar sin compartir”.
Añadían que la locura consumista afecta más a las
familias “cuanto más descendemos en la escala social,
cultural, y económica”. En el escrito se propone tomar
conciencia, mostrar coherencia , educación en la fé
y compromiso con palabras como austeridad, sencillez, respeto y
oración.
A pesar de las recomendaciones que, seamos o no
miembros de la Iglesia, nos beneficiarían a todos para controlar
el gasto en estas celebraciones, hay familias que llegan a endeudarse
para hacer frente a este acontecimiento.
“Durante la catequesis, imprescindible
para todo aquel que quiera comulgar por primera vez, los niños,
– explica el padre Manolo- reciben muy bien el mensaje del regalo
que es recibir a Jesús. La ilusión por comulgar ya es
para ellos suficientemente importante ese día, pero se necesita
el compromiso de los padres para que sea lo prioritario”.
Parece que el asunto se nos ha hecho grande a las
familias, creyentes o no, y a la Iglesia, que denuncia pero no toma
medidas.
¿Cuál es el límite?
Desde siempre, la Primera Comunión ha sido
una celebración emocionante para cualquier niño: un
atuendo que implica formalidad, los ritos del sacramento en el interior
de la iglesia, ser protagonista con los compañeros...
Se le exige seriedad por primera vez durante toda la ceremonia, participa, desfila, lee y, finalmente, comulga.
Cierto es que la reunión posterior implica cierto gasto, nadie lo discute , sólo sería recomendable evitar la ostentación. Con eso, suficiente.
No podemos echar la culpa de nuestras debilidades consumistas a aquellos que las ofertan, sino a los criterios y valores que priman en la sociedad, o a la ausencia de los mismos, quién sabe. Vestidos fabulosos, limusinas deslumbrantes, diademas que se iluminan al comulgar, fiestas de cientos de invitados, discotecas móviles, grupos musicales, capeas infantiles.... y créditos para pagarlo.
Ya se sabe: “el sentido común es el menos común de los sentidos”. Según se va perdiendo credibilidad en la Iglesia, más fastuosas son las celebraciones de sus sacramentos, y si no se celebran por la iglesia, se celebran por lo civil y cualquier día por lo militar...
Atrás, en el recuerdo de muy pocos, quedan aquellas Primeras Comuniones con desayuno, estrictamente familiares, donde se obsequiaban ciertos regalos que ningún niño recibía hasta entonces: el reloj, la cámara de fotos, una Biblia cursi, un diario más cursi todavía y, si había suerte, algo de dinerete. Chocolate con bollos para todos y... a jugar con los primos.