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Una percepción sobre el
sector de la construcción
José Antonio Roselló Rausell
 
LA ECONOMÍA BALEAR
El sector de la construcción, sin duda muy a pesar suyo, no tiene buena prensa. Son frecuentes las observaciones críticas que se le dedican desde los medios de comunicación. Desde determinadas formaciones políticas y ámbitos de pensamiento, más bien vinculados a opciones de izquierda, se hace bandera de la crítica hacia el mismo y no se ahorra la mención de su excesivo peso y de lo nocivo que resulta, para la economía balear, sustentarse en este sector. Incluso desde posiciones más templadas, más propias del ciudadano común, aunque sería exagerado referirse a un malestar social, sí que existe una conciencia creciente de que, en no pocos casos, las cosas podrían haberse hecho de otro modo.
Como en muchas de las temáticas sociales más candentes, en este asunto se entremezclan aspectos técnicos, a veces expresados a través de medias verdades; sensaciones subjetivas y, en suma elementos de análisis más vinculados a las preferencias personales que a la realidad objetiva.
Dentro de la maraña de apreciaciones, personalmente coincido con aquella que señala que desde la perspectiva del crecimiento a largo plazo de una economía, no sería bueno tender a una especialización en el sector de la construcción. Pero esto vale tanto para la economía balear como también para la economía española. No pocas veces nos olvidamos de la dinámica de la construcción que también se está dando en España.
En lo que respecta a la economía balear, se puede constatar (Ver una colaboración anterior en estas misma páginas de “La economía balear”) que ni la economía del archipiélago está  “especializada” en él, ni es correcto señalar que sea el “factor de crecimiento” esencial.
La construcción, en cualquier caso, es un sector muy importante para dar cobertura, entre otros, a tres objetivos básicos de la sociedad y de la economía; así: cubrir la demanda de vivienda (esencial para la vida personal); cubrir la necesidad de infraestructuras (importantísima para el desarrollo económico y social); y contribuir a la recuperación y rehabilitación del patrimonio histórico y arquitectónico.
Además, cuando vienen “maldadas” en la economía, enseguida nos acordamos de este sector como elemento de realización de políticas compensatorias. En la actualidad, llevamos mucho tiempo sin una recesión severa y tal vez por ello, tendemos a perder la memoria de las cosas relevantes a las que recurrimos cuando estamos en dificultades.
Por otra parte, en condiciones normales, la construcción es un sector clave de la economía: tiene efectos de arrastre hacia atrás (tira de otros sectores de la economía) y efectos de impulso hacia delante (facilita el crecimiento económico de otras ramas de la economía). En otras palabras, la construcción siempre ha sido considerada un sector motor de la economía y aunque es obvio que no puede aspirar a ser protagonista principal, su contribución es útil y necesaria.
El problema esencial que afronta el sector desde la perspectiva de su consideración social tiene que ver más con el cómo se hace que con el qué se hace. Dicho de manera más precisa: en determinados supuestos, la desmesura, la falta de sentido estético y, por qué no decirlo, la aplicación (a veces) de las peores características de la naturaleza humana, no pocas veces originadas fuera del propio sector como tal, son la causa del problema y la razón de un cierto deterioro, injusto por demás, de su imagen social. Es decir, no es tanto un problema originado en el sector en sí mismo, sino del marco en que se mueve y de la realidad, a veces poco edificante, de los tiempos que vivimos.
Por descontado, coincido con aquellos que advierten que las consideraciones territoriales son un elemento central (yo diría que trascendental) del futuro de nuestra economía. Y desde esta perspectiva hay algunos actos de contrición que hacer. Pero no hay que generalizar la visión negativa, ni sacar de contexto la realidad de las cosas. Por otra parte, no son muchos los que pueden presentar una trayectoria inmaculada. ¡A veces los que más hablan, resulta que luego son pillados en falta!
La preocupación que muchos economistas e interesados en las cuestiones de la sociedad y la economía mantenemos por garantizar unas bases sanas para el crecimiento a largo plazo, nos invitan a estar vigilantes en el terreno en el que debe desenvolverse el sector de la construcción. Pero sin perder la perspectiva de que este es más victima que causante directo de los males que en no pocas ocasiones se le atribuyen.
Se solapan aquí cuestiones morales (¡sí, morales!) y cuestiones de índole económica. Existen muchas aportaciones positivas a recibir, ya sea desde la buena arquitectura; desde la sensata planificación territorial; desde el análisis económico; o desde la misma responsabilidad política. Pero sin necesidad de inquietar a la sociedad con expectativas, por otro lado oscuras o difusas, de potenciales medidas, que ni son de ejecución realista, ni desde la óptica de la complejidad de nuestra economía y nuestra sociedad sería bueno aplicar.